Domenica, Charlie y Lola

Hace unos años nos visitó por primera vez en Bogotá. Vino por varios días y para tener sólo seis añitos me pareció muy valiente. Fue mi compañerita. Se ajustó a mi horario y a mis actividades. También me adapté a las de ella. Es una personita que desde que nos enteramos que iba a llegar a este mundo nos ha traído muchas alegrías. Yo sé por qué lo digo. Domenica es mi sobrina mayor. Es risueña y muy graciosa.

A veces le digo green eyes como la canción: “That green eyes/Yeah the spotlight, shines upon you/And how could anybody deny you”. Durante los dos primeros dos años los tuvo color celeste piscina, tengo las fotos como prueba. Gracias a ese cambio se ganó esta canción de Coldplay, de lo contrario tendría que estarle buscando otra. También le cantaba Tiny Dancer de Elton John pero no parecía hacerle tanta gracia. Esa se la ganó desde que salió en su primera presentación de ballet vestida de conejo. ¡Ay Dios! La belleza de foto que tengo en mi casa. Tiene una diadema con orejas rosadas y peludas. Está vestida con un leotardo blanco y un tutú rosado. Se está riendo de medio lado tapándose la mitad de la cara con las manitas. Con la misma timidez de hoy en día.

Nos encantaba alquilar películas y series. Rey estuvo de viaje varias veces en esos días por lo que dormíamos juntas y veíamos nuestra fábula preferida hasta tarde en la noche.

Charlie es el hermano de Lola. Es rubio, delgado, con ojos almendrados, su nariz parece un número 3 que está de cabeza. Su pelo está peinado con carrera al centro y se para a cada lado, como si le pegara el viento. Su cabeza tiene una forma rara. Como la semilla de un marañón. Siempre anda con camisetas que tienen las mangas de un color diferente al resto de la camiseta, como de los 70’s. Por lo general tiene alguna palabra en el frente. Casi siempre dice “Charlie”. Es muy dulce y cuida siempre a su hermana. Tiene la voz perfecta para ser un hermano mayor. Aunque no sé qué signifique eso.  Cada vez que lo vemos nos dice lo mismo: “Ella es mi hermana menor Lola, es muy pequeña… -hace una pausa y nos vuelve a ver y dice con cariño- y muy graciosa”. Esa es la introducción.  Lola tiene una voz muy dulce y tierna. Es muy parecida a Charlie pero tiene unos lazitos en los pelos parados que tiene a cada lado. Eso es lo que hace que se vea como una niña en vez de un niño. Eso y su ropa.

Las cosas cambian. Algunas mejoran. Otras se quedan igual. No he vuelto a ver a Charlie ni a Lola. Ahora Domenica tiene 13 años. Nos sigue visitando todos los años. Esta vez vino sola en el avión. Ahora se ajusta más fácil a mi horario y a mis actividades. Sigue siendo mi compañerita. Más compañerita. Seguimos viendo series. Hasta la madrugada.

Hace unos días nos estábamos acordando cuando veíamos a Charlie y Lola. Nos reímos. Se me acercó y en voz baja me dijo: “tía, yo estaba enamorada de Charlie…” “¿Cómo?” –le pregunté con curiosidad “si es una fábula” le dije y me contestó inocentemente: “es que por la voz me lo imaginé y me gustó”.

Como me contestaría ella con una gran carcajada: “LOL”.

Descomposición de una canción 

Advertencia: este relato contiene vocabulario o referencias incomprensibles para menores de 35 años.
Siempre me gustó sacar la letra de las canciones. Por “sacar” me refiero a hacer lo que hace uno hoy en día para buscar la letra de una canción cuando se la quiere aprender para cantar a galillo pegado en el carro: googlear el nombre de la canción acompañado de la palabra lyrics y en segundos se tiene la letra completa de lo que busca. A veces no hay necesidad de que el nombre sea el correcto, con sólo una palabra clave a veces es suficiente. Hasta detalla el coro. ¡Qué ilusión! Como hoy en día estamos expuestos a un exceso de información, con sólo un enter obtenemos la versión en audio, la de vídeo en YouTube, versión para guitarra acústica, versión para flauta dulce, versión salsa, versión karaoke, cualquier cover existente y lo que uno se pueda imaginar relacionado con la búsqueda de la canción.
En los 80’s no había tal exceso de información. Las cosas había que buscarlas, había que ganárselas, había que investigar y trabajar duro para obtener el resultado tan deseado. Ese duro trabajo era uno de mis pasatiempos preferidos: pasar horas sentada en una silla, en la sala de la casa frente al equipo de sonido de mis papás que estaba en un mueble de madera oscura torneada donde estaban los acetatos de toda la familia, los cassettes y algunos libros (sí, era la sección musical pero ahí estaban algunos libros). Por supuesto mis cassettes estaban guardados en mi cuarto bajo llave. Jamás expuestos al público. Era uno de mis mayores tesoros. Para mi gran sorpresa hace dos días Papi me mandó por Whatsapp la foto de una maleta café con costuras blancas, tipo ejecutivo y al pie de la foto me puso: “Acomodando me encontré esta valija tuya…con cassettes muy viejos….buen encuentro”. Definitivamente es como encontrarse un tesoro. Estoy deseando ir adonde Papi y Mami para abrir esa maleta.
Vale la pena rescatar las fuentes de donde provenía esta música. Repito, era fruto de un trabajo meticuloso. En su mayoría eran canciones grabadas de la radio. Había que esperar a que salieran las favoritas. A veces, en un acto de desesperación y con mucha paciencia me lanzaba a llamar a la emisora de radio. Pero qué pelada de nance salir en vivo al aire. Una o dos veces colgué el teléfono. Me encantaba cuando alguien pedía en Radio Uno: “Ruper, es para grabar…”. Entonces daban un chance mínimo o no mencionaban el nombre de la emisora después de iniciada la canción. Era como un regalo. Aquella grabación quedaba nítida. Libre de marca alguna.
Triste era cuando la tecla no bajaba a tiempo y la canción arrancaba sin esperarme. No podía comprar un cassette original del grupo o cantante, tampoco quería perder toooodo un cassette en un solo grupo cuando lo que quería era una, la que estaba de moda, el hit; además quería mi cassette variado. Entonces entre la radio y el intercambio de música con amigos, podía tener un buen producto.

Pasaba horas con mis cassettes, dándole a la tecla de rewind -he de admitirlo hasta con temor de dañar la tecla por exceso de uso- para poder descifrar lo que cantaban Boston, Fleetwood Mac, The Outfield, Journey, Bruce Springsteen, Madonna y todos los de mi época. Habían varios factores de cuidado:
a. El ruido tan desesperante que hacía el rewind y la tensión que agregaba a la delicada operación.

b. Lo que podía implicar para el resto de la familia estar poniendo uuuuuuna y oooooootra vez la misma línea porque no daba pie en bola con algún nombre o palabra. No me acuerdo de la existencia de audífonos. Todo hubiera sido más fluido. Había un micrófono pero eso es otra historia.

c. La posibilidad de reventar la cinta y hasta ahí llegaban las horas de labor.

d. El peor de todos: nunca saber lo que dijo el cantante. Muchos espacios en blanco. Esto podía ser catastrófico. Caos total. Derrota.

En este último a veces funcionaba dejar la canción en soledad por varios días. No oírla. No tararearla. Dejarla descansar. A la canción y a la mente. Todo un arte.

Tenía un folder color amarillo claro de cartulina que estaba a reventar por la cantidad de hojas de diferentes papeles, en su mayoría de papel periódico -no existía el reciclaje pero me gustaba porque era más absorbente- diferentes tintas y muchos tachones. Lo de los tachones no me hacía mucha gracia porque denotaba el error en el que había incurrido al no entender bien la letra pero era un intento. Una herida de guerra. Un “no me rindo”.
El título de la canción subrayado, arriba en el centro, iniciando la hoja, al lado derecho el nombre del grupo o cantante. Sin saberlo era mi archivo musical con tecnología de punta. Eso sí, había que buscar de una en una. No me acuerdo haber perfeccionado el sistema alfabéticamente, ni por años o por estilos de música. No importa, era mi sistema y funcionaba a las mil maravillas.

Lastimosamente antes de casarme tomé la mala decisión de botar la carpeta musical. Me acuerdo que no estaba segura de querer hacerlo pero no quería agregar peso a la mudanza. ¡Acharita! Con los años he aprendido a tomar mejores decisiones. Creo que ahora me haría mucha gracia hacer algunas comparaciones de letras entre las mías y lo que me dejaba interpretar el equipo de sonido y las reales. Cada vez que busco la letra de alguna canción, me vienen a la mente todos estos momentos.
También me viene a la cabeza la pena ajena que tuve cuando me dí cuenta que anduve cantando erróneamente por los pasillos del colegio en un volumen censurable una que dice “Come on, shake your body baby, do the conga….”.  No daba con esta línea por ahí del año ’88 y cuando le dije a una amiga de mi tormento me contestó con una seguridad y conocimiento envidiables: “ah, pero está súper claro, Gloria Estefan dice: anda chiquivale baby do the conga…”.

Veintiocho años después sigo buscando la definición de “chiquivale”.

Mis natural highs

1. Comerme una Banana Split

2. Un piropo de mi esposo. Cualquiera

3. Ver una comedia. Y reírme mucho

4. Llegar a la casa y ponerme pijama

5. Secarme con un paño recién salido de la secadora

6. Comprar una obra de arte

7. Que me hagan un masaje de pies

8. Comerme un suspiro bien chicloso

9. Cantar a galillo pegado. Con sentimiento

10. Recibir una llamada de mis sobrinas y oír “tiiiiiiiiaaaaaa….”

11. Acurrucármele a Mami 

12. Cuando Papi me hereda los dibujos que le hice en la escuela. O cualquier cosa vieja

13. Correr bien temprano y que me lleguen los olores de los perfumes de las personas en la calle

14. Cortar un pedacito de ciprés y olerlo mientras sigo caminando

15. El olor del pan recién horneado

16. Sentarme en la playa a ver y oír el mar

17. Respirar el olor del mar

18. Un buen rosé

19. Llegar a la cima de una montaña

20. Oler una gardenia o un jazmín

21. Que salgan mis canciones favoritas en la radio

22. Comerme una empanada de chiverre de Mami

23. Una buena conversa con amigas del alma

24. Un buen concierto

25. Ver el atardecer

26. Ver el amanecer

27. Un buen sueño

28. Despertarme y darme cuenta que todavía tengo un rato más para dormir

29. Reírme hasta que me duela el estómago. Revolcada en el piso

30. Llegar a la meta de una carrera y llorar de la emoción 

31. Sentarme bajo el sol apenas salga en un día frío

32. Caminar descalza sobre el zacate

33. Agarrar a mis sobrinas a besos hasta que no aguanten más 

34. Sentir maripositas en el estómago de la emoción

35. Hacer sobremesa de tres horas. O de cuatro

36. Encontrarme un billete en la bolsa de la bata de baño

37. Que se rían conmigo de algo que estoy contando

38. Pasar un buen rato con viejos amigos

39. Hacer nuevos amigos

40. Comprarme algo que he querido por mucho tiempo 

41. Mi té de las mañanas 

42. Recibir un mail o mensaje de alguien de quien no sabía hace tiempo  

43. Viajar

44. Ver fotos viejas 

45. Que me digan que estoy bonita

46. Soñar con mi hermano 

47. Cuando llego a casa de mis sobrinas y se me tiran desde la escalera 

48. Darme cuenta que me quedan más capítulos del season de mi serie preferida 

49. Comerme un éclair 

50. Hablar con alguien desde el corazón 

Mi tierra

En las últimas semanas estuve con extranjeros en mi querida tierra disfrutando de retreats de los que tanto me gustan, internados en montañas ticas.

Heredé de Papi ese amor por la naturaleza y de Mami el patriotismo por mi tierra. ¿Qué mejor país para los amantes de la naturaleza que Costa Rica? Donde se pasa del mar a la montaña en un toque, donde se va del Atlántico al Pacífico en poquitas horas, donde somos los dueños de un porcentaje importante de la biodiversidad mundial y otros numerillos que nos colocan en los primeros lugares del planeta.  Hace unos días que estábamos viendo un partido de la Selección Nacional mis sobrinas se reían porque me levanté a cantar el Himno Nacional con la mano en el corazón, lágrima en el ojo y un nudo en la garganta de la emoción. Cuando me vieron la cara se dieron cuenta que no era gracioso, que era profundo y serio.  Soy amante de la naturaleza y patriota.

Tengo un chip incorporado que ama lo verde, el cielo azul, las montañas, los ríos, la paz, la gente pura vida, que hace que se me salgan las lágrimas cuando canto el Himno Nacional el 14 de setiembre a las 6:00 pm para celebrar nuestra independencia … creo que todos los ticos lo tenemos.

Estos amigos se han ido fascinados, encantados y enamorados de este paraíso. Quieren volver. No se cansan de decirme lo afortunados que somos.

Pongamos nuestro granito de arena: seamos amables, reciclemos, gastemos menos agua, cedamos el paso, sonríamos y demos las gracias, compremos y apoyemos lo nacional, vayamos a votar. Critiquemos menos este gobierno y expandamos la buena vibra. Hagamos algo. Algo bueno.

Y al mejor estilo de Hugh Grant como Prime Minister en Love Actually les recuerdo que seremos un país pequeño pero somos un país grandioso, el país de mi Tía Panchita, de Mamita Yunai, del polémico Cocorí, de las garantías sociales, de los desfiles de faroles y abanderados el 15 de setiembre, somos el país sin ejército, el país que tiene una escuela en cada pueblito, el país de Marfil, La Banda y Gaviota, somos el país tuanis del gallo pinto donde tomamos yodo, y somos el país de Frankling Chang, de Keylor Navas y de la Gloriosa Selección Nacional que nos llevaron a vivir un sueño.

Desde el río Talari en las faldas del Cerro Chirripó me despido con una sumergida sanadora.

Novatada: error cometido por falta de experiencia

El título es una de las definiciones del diccionario para la palabra novatada. En esta Media Maratón de Bogotá cometí varias. Cinco para ser exacta.  También se usa en el medio deportivo para decir que se ha cometido una animalada cuando ya sabía lo que tenía que hacer. Y que no lo hizo. O que lo hizo. Whatever.

El día anterior nos vamos a la montaña al hike sabatino pero tomamos otra ruta en donde la inclinación del lugar lo aproxima a uno a la Virgen (esto es literal porque en la cima hay una Virgen) y de pronto aquello es más alto que el Chirripó. Es más o menos como ir subiendo gradas dobles pero en la montaña. Entre piedras. Entre árboles. Entre despeñaderos. Por el lado que fuimos esta vez no había río. Ride espectacular como siempre. Una buena dosis de sobrecarga muscular. Novatada número uno.

La verdad, esta novatada la podemos descartar porque hay que entrenar fuerte y ponerle, pero si apenas estoy empezando el training de la temporada entonces califica como novatada. Disculpas por la confusión.

La número dos: ¿Qué parte se nos olvidó de la buena alimentación?

Vamos a celebrar el cumpleaños de una amiga a un restaurante delicioso de comida costeña colombiana… ¡faaaaaa!!!!! Wrong.

Delicioso todo. Como entrada una sopa cítrica con bolitas de algo frito, un zacatal de algo y camarones. De plato fuerte, pescado con una salsa de guayaba (ojo aquí a la guayaba y su papel estelar más tarde) y feijoa (una fruta parecida al cas). Flan de almojábana –sí, ese pancito redondito de maíz y queso que también venden en Costa Rica. Delicioso todo.

Comida caribeña.

Very wrong.

A las 6:00 p.m. empiezan las visitas al baño y no era para maquillarme. No voy maquillada a hacer deporte pero ese día no hubiera estado mal. Espaciadas las visitas pero al fin y al cabo visitas al baño.

6:00 a.m. una pastilla para la pancita y en una hora como nueva. Pero nadie puede quedar como nuevo con sólo unas galletas de soda, melón y té. No para ir a correr.

Viene la tercera. A las 9:15 a.m. con muuuuucha hambre y sin un cinco para comprarme algo. Todo había quedado en el backpack como a 400 m de donde estaba y ya no daba tiempo de ir por el menudo. Aquí, como verán, me doy un extra bonus, dos novatadas en una: con mucha hambre y sin plata.

Con mucho gusto.

9:30 a.m. arranca la Media.

Yo por un lado, Rey por otro. La misma distancia pero íbamos a hacer distintos tiempos por lo que estábamos en corrales diferentes. ¡Snif!

Es tal la distancia al punto oficial de salida que tuvimos que caminar como ganado que va para el matadero, todos tan lentos y apretaditos que cuando pasé la salida no me di cuenta y seguía viendo para un lado a la gente de afuera.

Quise gritarle al animador en la salida de la actividad que yo soy de Costa Rica para que lo agregara a la lista de nacionalidades participantes que estaba diciendo en voz alta para animarnos pero quedé un poco drenada después del Mundial de Fútbol y ni se me ocurrió camiseta estampada, ni bandera, ni un prendedor… mientras, pensaba en qué más podía haber hecho para identificarme en la carrera… “¡Ay!” es lo que digo en voz alta donde me doy cuenta que voy como dormida, pongo el Polar y arranco.

Para variar, estaba frío. Le paso a un mae que llevaba dos mandarinas y estuve a punto de pedirle un gajo pero ni siquiera las había pelado. Crónica de una muerte anunciada. Cada vez que menciono esta frase me acuerdo del libro que estaba en casa de Papi y Mami bajo el equipo de sonido en un mueble de madera torneada. Lindos recuerdos de infancia, sobre todo aquel equipo de sonido que no paraba con The Carpenters y las polonesas de Chopin a la hora de las comidas. El primer acetato era de Papi que me lo heredó dentro de su colección, el clásico era de Mami pero lamentablemente no sabemos qué se hizo. Son las cosas que uno llega a apreciar de grande.

Volviendo al tema: ¿a quién se le ocurre llevar DOS mandarinas? ¿Puede haber alguna fruta más incómoda para cargar en la mano? Claro, una sandía, pero ese no es el punto.

Había tanta gente que no se podía correr rápido, al cabo que ni quería…

1, 2, 3, 4, 5 kilómetros. Todo en orden.

Se me acerca un señor bajito y me pregunta qué tiempo voy a hacer. Le contesto pero inmediatamente decido darle otro tiempo más realista para no elevar las expectativas. Ni las de él, ni las mías.

Justo cuando Rey y yo íbamos temprano en el taxi hablando de eso, pasamos una carroza fúnebre con una cinta -no había visto pero parece que aquí les ponen una cinta atrás en el vidrio del carro con el nombre del difunto… Como Miss Universo pero diferente. Le digo a Rey después de pensar unos segundos: “la verdad, no me importa el tiempo, lo que importa es llegar bien. Ese que va ahí no llegó ni siquiera a hoy”. Rey me contesta: “es cierto, a disfrutarla”.

Disfrutar puede ser una palabra relativa.

El señor bajito se llama don Roberto. Dijo que no durmió bien de los nervios. Que un amigo le aconsejó acostarse temprano y fue peor. Que él este año quiere hacer menos de dos horas. Que sí ha entrenado. Gran diferencia ésta última entre don Roberto y mi persona.

“Yo a usté la vi cuando salió y la ví otra vez en el kilómetro cinco y pensé que me le tenía que pegar porque tiene cuerpo de atleta y viene a buen ritmo” me dijo don Roberto con la respiración entrecortada porque el paso que traía era rapidito, rapidito.

“Ay Dios, esto sí es mucha presión…” pienso yo, e inmediatamente le digo: “ah, muchas gracias pero usté vaya a su ritmo que viene muy sólido y no vaya a ser que yo lo atrase. Sino, usté me espera en la meta.” Me di cuenta que más bien era como un ruego de mi parte.

Amistad entrañable entre don Roberto y yo por 12 kilómetros más.

¿Para qué les voy a mentir? Don Roberto me venía jalando. Con su bolsito hecho de pelón (o guata diría Mami) que dan los organizadores de la carrera, cruzado de medio lado. Aquel bolso más incómodo no podía ser, le sonaba como un chilindrín con todos los chunches que traía adentro, mejor dicho, era su lonchera. Pero eso nunca aminoró el paso rápido y seguro del señor. Vestido muy sencillo, sin gadgets…Y uno que corre con la última tecnología…a veces quisiera volver un poco a los basics. Como cuando andaba en mountain bike donde lo único que me preocupaba era que el reloj me sonara cada 15 minutos para hidratarme. Estoy tratando. Por ejemplo, sin querer, la semana pasada se me perdió en la montaña la faja del Polar. Way to go girl!

“Nosotros venimos de Paipa que está a 620 metros sobre el nivel del mar (puede que el dato esté nublado por la memoria) y esta altura nos pega muy duro” dice una señora con la respiración entrecortada. Ella venía en un grupo según ellos de avanzada edad pero todos en efecto, mucho mayores que yo. “Yo soy de Costa Rica” contesto muy amistosamente a ver si podíamos formar parte de ese grupo pero negativo el “perativo” -decía Constantina-, había que seguir.

Esta carrera resulta que es de las seis mejores medias maratones del mundo. Corrimos casi 45,000 personas. Un mar de camisetas amarillas de los organizadores y uno que otro rebelde como yo que decide ir de rosado fosforescente porque aquí a nadie le corro con manga corta. ¡Ni a palos!

Voy trabada pero no en las piernas. Voy trabada en la respiración. Y con un hambre voraz. Me cuesta llegar hasta el final de la respiración. ¿Será que nunca me voy a acostumbrar a esta cabrona altura?

Cuesta arriba, todo me parece que es cuesta arriba. Dos cuestas larguitas en unos puentes elevados. El keniano que ganó dijo que ese puente elevado en el kilómetro 17 estuvo muy duro. Ya sabía que no solo yo había sentido eso. El keniano y yo estábamos conectados.

Sí, es tan famosa la carrera que vienen kenianos, incluída mi amiga Rita Jeptoo.“¡Yo te alcanzo, Rita!” le grité a la salida. Mentira. Ustedes y yo sabemos que no soy tan rápida. No soy rápida, punto. Tampoco vi a Rita ni es mi amiga.

Recorriendo la ciudad. Muchas calles por donde corro o por donde paso habitualmente. Ese día se veían muy diferentes. El ladrillo por todo lado, tan típico de Bogotá y tan lindo que se ve. Uno que otro creativo ha decidido usar otros tipos de piedra y son los responsables de esa disonancia en el paisaje rojo.

El público muy amable. Cada vez que nos gritaban algo yo aplaudía con los brazos en alto, les gritaba “¡graciaaaaas!”, “¡esoooooo!”, “¡bravoooooo!” o “¡lindooooo!”….claramente ya todos sabemos que eso es para mi ánimo y para poder hacer de tripas chorizo.

Tripas. En unos kilómetros vendrían a convertirse en protagonistas de otra novatada.

Pasamos por un parque donde la gente se sienta en los días de ciclovía a comer la fruta que venden en los puestitos. “¿Será muy feo pedirle un tuquito de sandía?” me pregunto. No, no estoy vacilando, lo pensé y lo necesitaba.

“Ahhhhhh, a ver Anastleta (apodo célebre de unos amigos al recibirme de mi primera maratón con bandera costarricense y el apodo impreso. Misma bandera que se convirtió en agüizote de mi Gloriosa Sele y viajó conmigo hasta Brasil…pero eso mi querido Adam, es otra historia…), ponga esa cabeza a trabajar bien” pienso donde veo un rótulo de Polar o Garmin que dice “los últimos metros se corren con el alma” o algo parecido. “Pero me faltan kilooooometros…no importa los correré con el alma” me dije por muchos, muchos, muchos metros más.

Aquí mientras escribo con la lágrima en el ojo de la emoción es donde me doy cuenta que es una de mis grandes pasiones.

Si estoy feliz, corro. Si estoy triste, corro. Si hay sol, corro. Si llueve, corro. Esto es definitivamente alimento para el alma.

Kilómetro 15. Oigo a don Roberto esculcando su bolsito cruzado. Aquel bolso le llegaba más abajo de la cadera. Yo esperando que me confirmara que era su lonchera. Me hago la distraída pero de reojo veo que saca unos dulcecitos. “Ay por amor a Dios, que me ofrezca algo” le digo a mi alma.

Se me hace eteeeerno ese momento, tanto así que creo que no me va a convidar. Algunos improperios mentales para don Roberto. No es a propósito, el hambre no me deja pensar claramente. Perdón. Me ofrece bocadillo, lo que para nosotros es una Tricopilia. Le doy las gracias eternas y espero el próximo puesto de agua para bajarme ese tuco de guayaba tiesa y no morir ahogada.

Novatada número cuatro. Me como algo que voy a probar por primera vez durante una carrera. ¿Es en serio lo que estoy a punto de hacer?

Sí, muchas gracias.

Al rato me dice don Roberto que necesita ir al baño y se detiene en uno de los portátiles de la acera. Le digo que lo espero pero hay dos personas en la fila, recapacito rápidamente…¿pero qué me iba a quedar haciendo ahí? ¿Jumping jacks?

“No, fresca. Yo ahora la alcanzo” me dice mi mejor amigo.

Ese fue el momento perfecto para bajar el ritmo. Cómo no. Siento la gloria.

Años después me alcanza don Roberto. ¡Es que le pone! Me dice que yo venía muy rápido -lo cual no es cierto pero después de hacer fila en el baño, aquello de fijo se le hizo eterno.

“Juepucha, ese bocadillo me cayó como una patada a la tripa” es lo que pienso una vez que pasa el efecto del azúcar y la energía vuelve a su nivel casi normal.

Santísima Virgen ¿qué era aquel dolor de estómago?! Se me viene a la cabeza la salsa del día anterior que tenía guayaba y más me dolía el estómago. “Ouchi, ouchi” –decía Domenica de chiquitita.

Los siguientes 5 kilómetros fueron dolorosos. Era tal la incomodidad que lo único que quería hacer era gatear. Iba jorobada, muy jorobada por lo tanto empiezo a respirar mal y empiezan los cólicos. Ay mamita, empiece a hacer control mental.

Oigo donde Galli me dice “ tía Nana, deje de tomar tanta agua” y le hago caso.

Me imagino que Rey va a estar en la meta esperándome y eso me anima.

Posiblemente don Roberto me siente más lenta y me dice: “vamos, sólo faltan 4 kilómetros. Usté ya me demostró de qué está hecha. Usté es una campeona, ya esto lo tiene ganado”. ¿Qué tan “cosi” este señor? –diría Galia. Un aplauso para él, por favor.

Sólo le hice el signo de peace and love y un thumbs up. Eso fue todo. No daba más.

Ni siquiera le pude hablar. ¿Se dan cuenta de la casi gravedad del caso? ¿Yo, sin hablar? ¿Sin socializar en una carrera?

No pude decirle que no seguía más con él. Bajé el ritmo. Lo veo donde empieza a buscarme pero se va alejando rápidamente y yo me voy quedando atrás. Lo dejo ir.

Tenía dos opciones: llegar en menos tiempo hecha leña o bajar el ritmo y tratar de llegar casi entera.

Second choice it is.

Pensé mucho en poder encontrármelo cuando llegara para agradecerle semejante compañerismo. Pero entre 45,000 personas…misión imposible.

Quinta novatada y la final. En una curva se me acerca un señor que de fijo necesitaba ánimo y me empieza a hablar, a decirme que voy a buen ritmo y a preguntarme si hice la carrera no sé cuál…

“Por amor a Dios que alguien calle a este señor” fue mi súplica mental. Le contesté lo mínimo y lo dejé ir. Me dolió pero era necesario.

Esta novatada la vengo cometiendo no en contra de mi persona sino como un atentado a los demás atletas que no quieren hablar por muchas razones, entre ellas porque no quieren o porque se sienten mal.

Prometo no volver a hablar tanto en las carreras. Por primera vez entendí lo que es no poder hablar por sentirse mal.

Me acordé de Rey en su Iron Man cuando le dió la pálida y lo entendí.

Ya faltaba menos. Un paso a la vez.

Control mental. Cabeza en positivo.

Visualizando meta.

De pronto se nos empieza a unir otro mar de gente. Eran los de los 10 k que se juntaban con nosotros. Ver eso me dió ánimo no solo por lo lindo que se veía sino porque sabía que la meta estaba cerca.

Menos de 1 kilómetro pero me dolía tanto el estómago que dudaba de si iba a llegar corriendo.

En eso oigo donde Rey me grita y levanta la mano. ¡Qué felicidad! Qué dicha que es tan alto para verlo fácilmente entre la multitud.

¿Adivinen? Correcto, se me llenan los ojos de lágrimas. A punto del ahogo. La nublazón de lente de contacto se convierte en llanto porque por primera vez creí que no iba a terminar una carrera. Trato de respirar profundo para no ahogarme.

Rey me abraza, trato de agacharme para ir directo al piso de cuatro patas y según yo poder respirar mejor, Rey no me deja y me dice que no pare de caminar. Inmediatamente me dice: “Anas, esto estuvo muy duro. Muy duro”.

Caminamos por unos 4 minutos pero es tanta la gente que no logramos llegar donde están las medallas y la bebida hidratante. Me puedo quedar sin tomar algo pero sin la medalla no me voy. Se me va lentamente el dolor y ya me siento diferente.

¿Quién me estaba esperando en la meta?!!!!! Mi amigo don Roberto.

Lo abracé, le dí las gracias, le presenté a Rey, intercambiamos algunas impresiones como amigos kenianos que se encontraban después del triunfo y partimos.

Estas son las cosas que valen la pena. Las cosas que quedan en el alma y en el corazón.

Una vez más. Safe and Sound. Rey y yo juntos en la meta. Gracias a Dios por eso.

Para algunos correr es una tortura para mí es difrutar la vida con novatadas incluídas. Se los dije, disfrutar puede ser una palabra relativa.

Gracias a mis padres por un cuerpo noble y agradecido. Según Rey y Galli no le pongo lo suficiente y por eso nunca me duele nada.

Al día siguiente en el masaje, Rey disimuladamente interroga a nuestro distinguido señor masajista porque no puede creer que estoy fresquita como la lechuga….“parece que no hubiera corrido”, contesta don Ricardo riéndose.

Ah pero aquí no me voy de novata…a este cuerpecito lo chineo mucho.

Cambio y fuera.

Coco Run Meets The North Face ENDURANCE Challenge

Viernes Santo, un día antes de la carrera.

Acto 3: sólo sentí que algo me cayó del cielo… no sabía si estaba bien o mal, me fui de lado y me agarré la cabeza (“…porque es muy duro pasar, el Niágara en bicicleta…” aaaahhhhhhh…qué lindo cuando esto me sale así de espontáneo) y grité durísimo “Reeeeeeey!!!!” El grito -después me di cuenta que era como para oírme y saber que todavía estaba ahí. Rey, que va dos metros adelante, se vuelve, pone cara de loco y me dice que me quite la gorra. Yo solo me acordé de la vez que choqué con un poste de “Pare” corriendo con Adriana y todo salió bien, no era una amateur en el tema. Le digo a Rey que sigamos pero me dice que estoy sangrando, que posiblemente me tienen que suturar (lindo término) y que nos devolvamos caminando. Llorando le digo que puedo correr. Nada me dolía pero de camino iba testiando la vista, el balance, la fuerza, el posible desmayo, que no me escurriera el chorro de sangre por la frente (porque ojos que no ven, corazón que no siente)…

Llegamos a El Mangroove con mi gorra blanca teñidita de un rojo lavado. No hubo necesidad de sutura, solo un lavado con agua oxigenada para los aproximadamente 5 cms de corte no profundo en el lado izquierdo de la cabeza.

¿Con qué choqué? No sé. ¿Cómo no lo vi? No sé. No, sí sé. Rey me dijo que era una caja de acero en un poste a una altura lo suficientemente baja como para que esa parte de mi cabeza que está a casi un metro 70 se llevara el premio. ¿Por qué choqué? Porque venía cansada y estaba viendo a una güila jugar en la entrada de la casa.

Acto 2: el miércoles Santo, tres días antes de la carrera llegamos a El Mangroove (no es mangrove aunque está al lado de un manglar ….el nombre tiene una explicación larga pero cool). La habitación súper linda con una salita con hamaca. ¡Qué delicia las hamacas!

Rey se va a dormir una siesta y me acuesto en la hamaca pero decido que me voy a acostar más alto que unos minutos antes por lo que agarro más impulso y al estar la hamaca tan tilinte, me da una vuelta a una velocidad mayor combinado con el efecto catapulta y me estrella contra el piso. ¡Puta hamaca! No se qué nombre tiene este fenómeno en física.

Mi posición es de medio lado en el piso. Calculo que caí libremente desde una altura de 60 centímetros aproximadamente. En segundos me recupero del susto que me llevé, tengo el hombro golpeado pero me empiezo a reír…más me reí donde pensé en traer el celular para tomarme una foto en el piso y enseñarle a Rey pero levantarme implicaba quitarle todo el mérito espontáneo a tan aparatosa caída. “Accidental selfie”, se llamaría la obra. Parecía un cuerpo en la escena del crimen.

Todos los huesos en orden pero con un ardor en la rodilla izquierda que no tenía nombre. Investigo a fondo y veo donde aparece el legítimo rugburn…¡cómo arde!

Acto 1: lunes de Semana Santa, cinco días antes de la carrera. En Ocotal, bajando las gradas de la casa, se me dobla la chancla (¡cochina chancla!) del pie derecho, hago una especie de posición de ballet y aterrizo en punta pero con el dedo gordo doblado. Qué hijueputa dolor más grande. Por dicha y gracias a Dios venía bajando abrazada con Domenica y posiblemente eso impidió que cayera de cara. Ouch, ouch, ouch era lo único que podía decir. El dolor en la garganta y ganas de vomitar. Nadie me creyó. Domenica ya está en una edad en que es compasiva con uno y solo me sostenía y me decía con cara de lástima que porqué hacía tan raro. En Father Rooster sabiamente pido hielo y los saloneros muy amables me traen una Ziplock salvadora, llena.

Toda la gama de los morados, verdes y azules fue lo que siguió en los días posteriores a tan aparatosa semi caída. Una semana más adelante en visita a Jaime por otra dolencia causada por mala posición al dormir me diagnosticaría con un esguince que empezaba a formar parte del pasado. Gracias a todos los presentes ese día por no creerme: Georgina y Reynaldo Ariel.

Todavía no puedo doblar el dedo del todo pero los tennis de correr le hacen como un colchoncito y en cuanto me los pongo, el dedo ahí se queda quietecito. Durante los squats y otros ejercicios de los ochentas también hay molestia pero vamos bien. Gracias por preguntar.

Acto Final. C-Day mejor conocido como Carrera Day.

Sábado de madrugada. Ooooooootra vez 1:30 a.m. (para los que todavía recuerdan con gran cariño y admiración el relato de la maratón de Chicago) voy soplada para el baño. Para la próxima voy a tener que echarme un pep talk como el que le eché a Constantina cuando me dijo que lo que ella siente cuando compite en equitación es una emoción tan grande que no la puede controlar y se convierte en nervios…o algo parecido. Esas historias divinas de Constantina.

4:30 a.m. al baño de nuevo. Cosa que no pudo hacer Reynaldo Ariel.

En mi caso, ligera para correr como gacela. Yeah, right.

La típica pregunta a esas horas: ¿quién me mete en esto?

La respuesta es fácil, no tiene nada de filosofía: Reynaldo Ariel.

Una vez más, parece ser la tónica en mí no ir lo suficientemente entrenada. Entonces creo que ahí es donde aflora la nervia. Me prometí entrenar para la próxima.

5:30 a.m. arrancan los 21 k del Coco. El temido Coco Run. Estoy bromeando, no es temido. Amigos televidentes, en realidad son 21.8k

No lloro a la salida pero tengo ganas. Qué sonch.

Trato de no salir apresurada. Solo pienso: “¿qué es este calor?” También pienso que no fue un buen choice la camiseta que me puse, me quedaba como talladona en la cadera. ¿Qué es que ahora hacen todo tan ajustado?! ¡No se puede respirar bien y meter la panza a la vez! No importa, así me fui. Que la foto saliera como fuera.

¡Púchica cuesta del Coco! ¡Es eteeeeeeeeeerna!

8:45 hras (sí, leyeron bien, se me hizo como si fueran horas) más tarde, cuando empezamos a bajar, noto que Rey viene contestándome lo justo y necesario. Yo sé que no le gusta hablar mientras corre pero iba más calladito de lo normal.

Yo por mi parte voy agradeciéndole al staff de la carrera, rayando amablemente a los competidores y motivándolos porque hoy en un artículo que leí todo estuvo claro para mi: “The best way to cheer yourself is to cheer somebody else up.” Años de hacerlo para los demás y no sabía que en realidad era para mí.

Mi típico: “eeesoooo…” a todo el que veía. En fin, como toda la corredora social que soy. Si uno no es rápido, busca otro nicho. El nicho de la simpatía.

Al empezar a bajar, le rayamos a una Patilarga (con mayúscula porque es un personaje recurrente) y por alguna razón se ofende, apreta y pone el turbo. Tanto así que Rey me hizo cara de oookeeeeeei.

Bajamos la cuesta y más adelante en el plano vienen los primeros de la carrera ya de regreso. Unos mounstruos. Cosas que uno no puede ni pensar.

Mi maravillosa mente empieza a fantasear y a pensar. Veo que no hay muchas mujeres y me imagino con un puesto en el podio…. ¡Qué maravillosa es la mente! Al menos la mía.

Ahora sí, nos adentramos en montaña. No, en realidad es una calle de lastre. Mucho lastre. El Monkey Trail, sólo eso, el Monkey Trail. Ni un solo mono.

Lastre, lastre y lastre. Rico correr sobre lastre.

Amigos, le rayo a la Patilarga y siento una satisfacción que trato de disimular y ser humilde. Me voy cuidando las espaldas. Tanto así que hay evidencia en una foto donde vengo viendo para atrás. Más cuidadosa esta vez. Ojo con las ramas. Ojo con cajas de acero a casi un metro 70 o menos. Ojo con postes.

Es bueno ir atrás para medir al e-ne-mi-go pero también dicen que es bueno ir adelante para sentir el miedo que lo viene majando a uno.

Le rayamos a varias mujeres. Hoy en día en los puestos donde entregan el paquete al corredor, se pueden estampar letras. La de mi compañera de camiseta rosada o verde fosforescente (el color no está claro en mi memoria) estaba con su nombre. La veo cansada y la quiero motivar: “¡Eso Rooooo!!” Sólo decía “Ro”. Tampoco soy confianzuda. Posiblemente Roxana, Rosaura, Rosemary, Rosalía…

Dice Galliano que es mi estrategia para hacerlas mierda. Me hizo reír. Ustedes me conocen. Soy buena gente. Pero no con la Patilarga.

“Mmmjjjj” pienso yo: “como que llevo algún tipo de delantera, vi pocas mujeres en la salida, esto es mío…al menos el bronce…”. ¡Qué ilusión sería eso!

Como en el kilómetro 18 Rey venía con una de las caritas de los Emoji, la que tiene la boca en picos y los ojos fruncidos. A veces ponía otra carita, la que enseña los dientes con la boca ovalada-alargada.

Ah, pero no quiso ir al baño en el matorral. No quiso ir en el Monkey Trail de puro lastre con full potrero.

Todos mis comentarios, preguntas y dudas eran respondidos con un “no” o un “sí”…el peor era el “no sé” con tono desesperado. Decido hablarme a mí misma, en mi mente, y no incomodar a la pareja.

A las 7:00 a.m. con aquel sol de Guanacaste me llueve una regañada porque vengo tomando mucha agua, le digo que vengo deshidratada y me responde en un tono de vos fuerte que NADIE se deshidrata en 2 horas. Me quedo 1m atrás y decido tomarme todo lo que me encuentro. ¡Qué me importa! Disimulo y hago que me lo estoy echando encima para refrescarme.

La carrera se termina corriendo al lado de la playa. ¿Cómo no, si es el Coco Run?!

Llego triunfante. Acalorada pero triunfante.

Me quiero tomar todo el Powerade (patrocinador oficial de tan estimable carrera). Todo el Powerade azul. Sí, ese me quita la sed. No el rojo, el azul.

Rey busca un baño pero no quiere ir.

Siempre que puedo me meto al mar porque es lo mejor que hay para después de la corrida. Esto me lo enseñó don Ricardo. ¿Se acuerda en Guiones? Sí, lo mío es como los polos en ropa con el mar hasta el cuello, en este caso hasta media pierna porque no llevaba ropa para cambiarme.

El tiempo era clave para Rey por lo que decido renunciar a la terapia marítima después de unos minutos. Tampoco es que el mar de esa parte del Coco me provoque quedarme flotando.

Siento una leve inquietud por ir a preguntar por los resultados pero Rey está urgido. Además, Anastasia, ¡qué pecado! ¿Para qué quiere esperar los resultados? Nuevamente, la mente me hablaba y quería boicotearme el podio.

Llegamos a El Mangroove a desayunar como si hubiéramos hecho una ultra.

Nos tiramos al sol y de inmediato a postiar mis fotos de la carrera en el Feis. Si no, ¿para qué es el Feis?!

Acto seguido, una de las organizadoras de la carrera me pone en mi post de la foto: “Ganaste tu categoría. Es en serio”.

Frase célebre.

Con eso no se vacila.

Es un tema muy delicado para molestar a alguien. Sería un daño irreparable si no fuera cierto. Pero escojo creerle. Se me nubla la vista. No, no es una secuela del golpe con la caja de cables.

¡Yo sabía que había hecho un esfuerzo! Yo no vi tanta vieja corriendo. Yo le pasé a varias. No todas las de 43 son perseverantes. Mi hunch era correcto.

Todo mi esfuerzo se vió reflejado en esa victoria…¡jaja! ¡mentira!

Acto seguido pienso: ¡ME PERDI SUBIR AL PODIO!!!!!! Todo porque Rey no se tomó nuestro Yogi-Tea-Soothing-Mint-Get-Regular. Era imperdonable. Sólo pensaba: ¿Cuándo volveré a tener esa oportunidad? ¿Será que hay certificado escrito? Si no hay uno por escrito ¿me lo harán? ¿La foto? No voy a tener foto de ese momento. Bueno, no importa, gané y eso queda en mi corazón. No, sí importa, pero está bien…. El siguiente pensamiento es: “¡tengo que llamar a las chiquitas YA para decirles!!!!!” Siempre me preguntan en qué lugar quedé. Esta vez les iba a decir que había obtenido el primer lugar de mi categoría, con esguinse en dedo gordo del pie, rugburn severo en rodilla izquierda y contusión en la región parietal del cráneo…

True Story.

Sábado 31 de mayo, 2014

Esta vez me dice Rey que no hacemos juntos la carrera de North Face porque él va a hacer la ultramaratón de 50 k y salimos a horas diferentes.

“Mejor” pienso yo, “porque si va a estar con el mismo humor por no ir al baño…” Love u!

Bueno, dejemos de lado el asunto del baño y el hecho de que Rey ahora es un ultramaratonista y opaca cualquier cosa. Dejemos de lado que estoy muy orgullosa de él porque como le dije: “you’ve come a long way baby”. Dejemos de lado que llegó muy entero, hablantín, amable, cordial –no olvidamos aquel ingrato espisodio en Florianópolis cuando al llegar a la meta en su primer IronMan me rechaza la bandera dominicana y quiere entrar solo a la meta… Dejemos de lado que amaneció casi como si nada si no hubiera sido por una ampolla que le ha deformado –aparentemente de por vida- el dedo gordo del pie. Dejemos de lado que es un deportista solidario –como debe ser pero no siempre pasa- con los demás atletas. En fin, vamos a dejar todo eso de lado. Él que les haga su historia.

Idas al baño en la madrugada, blah, blah, blah….Preguntas a mi misma en la madrugada…blah, blah, blah….La misma historia de mi vida antes de una carrera. Si quieren, pueden ir al relato anterior e ilustrar con los mismos párrafos, todo fue exactamente igual por lo que no los voy a hacer perder precioso tiempo de lectura.

4:30 a.m. empieza la aventura, el verdadero challenge porque me tengo que bañar con agua fría. Eso para mi, califica como tortura menor. Gracias Rincón de la Vieja Lodge.

Desayunamos al ritmo de Cocaine de Eric Clapton. No me entra nada en el desayuno.

Cómo no, yo estoy asesorada por los mejores: Galliano, Georgina y mi esposito. Días antes hay get togethers para intercambiar opiniones, recibir consejos, uno que otro tips (cuento del profe de cómputo, blah, blah, blah…), en fin un súper coaching (ahora que está tan de moda la palabrita).

Tomo lo que creo que me sirve de cada uno porque cada uno es bien diferente, lo que sí tienen en común los tres es una cabeza privilegiada. Una fortaleza de mente extraodinaria.

Esta vez sentí que Rey y Geor no estaban muy sincronizados en cuanto a su opinión del Challenge. Perdón, Endurance Challenge. Esa palabra Endurance era la que revelaba todo lo que había detrás. ¿Cómo no lo vi venir antes?

El año pasado ambos hicieron los 21 k pero al oírlos este año yo pensaba que cada uno había hecho una carrera diferente.

Los tres tuvieron discrepancias en cuanto a mi hidratación y a mi outfit.

Galia quien estaba muy atenta a la situación durante una cena, se me acercó y en voz baja tratando de que la mamá no la oyera me dijo: “tía si vas a terminar como Mami el año pasado, mejor no la hagás…”. “Mmmmjjjjj” pensé yo. Geor hizo un súper tiempo el año pasado pero llegó molida y parece que eso caló en Galita. Hasta Galita me lo había advertido. Qué visión la de la sobrina de 7 años…

6:30 a.m. sale Rey. Lo despido con lágrima disimulada en el ojo. Llorar es polada.

Rey me dice que mi carrera sale a las 7:30 a.m. PRIMERA discrepancia.

Por dicha no me fui lejos porque mi plan era irme a dormir al carro. ¿Se imaginan?

7:00 a.m. salimos los de 21 k.

“Qué calor” pienso yo otra vez. “Esta botellita de agua que me rinda como Dios manda” es lo otro que pienso.

“Llévese mi Camel” me dijo Geor.

“Con esa botella de 1 L. basta y sobra, hay hidratación cada 45 minutos” me dijo Rey.

Para mi no era un asunto de “poteito-potato”.

Insisto, trato de salir suave pero es taaaan difícil.

Salida en calle de lastre. Unicos 50 metros de lastre que iba a ver en las próximas 2 horas y 36 minutos.

Rey me había dicho que esta carrera era como el Coco Run. SEGUNDA discrepancia.

Nos adentramos en la montaña. “¿Por dónde nos llevan?” me pregunto yo.

El día anterior Rey me regala sus anteojos Mizuno XCZ4000WWW “bad ass look”. Me los pruebo, están cool pero me debería llevar los viejitos míos ya conocidos y probados en larga distancia. Con esa palabra me convence y salgo como Ultrasiete.

¡Jueputas anteojos!!! A los 85 metros ya iban empañados y no me dejaban ver bien. Diay, no los podía dejar en una rama y recogerlos más tarde. Aunque ya había hecho eso una vez y funcionó, esta vez eran los anteojos de Rey y ¡Dios guarde!

Póngale como una vieja en el súper con los anteojos sobre la gorra y pídale a Dios que no se caigan. Más tarde le pediría a Dios por cosas menos banales.

Mi compañera adelante viene como en equipo con otras dos. Velando por ellas y su bienestar. Lástima que viene con audífonos y viene hablando muy duro pero es simpática Tatiana.

Pasamos por un barreal de arenas movedizas y pienso que todavía no me quiero mojar los tennis, en que voy con Vaselina embarrada en todos los dedos en combinación con curitas (“¿porqué te ponés tantas curitas?!!” me preguntó Rey en la mañana con un tono que parecía el tono de no haber ido al baño) y no quiero que sin haber llegado al kilómetro 5 se me lave todo.

Una atleta que viene detrás mío a alta velocidad simple y sencillamente se abalanza al barreal, cae de frente con cara incluida, se levanta, se vuelve a esfondar hasta la rodilla y sigue. No hay necesidad de tanto chou.

Yo solo pensé que no quería salir a la calle de lastre tan embarrialada. ¡Qué infamia pensando en calle de lastre!

Tatiana le pregunta a sus pupilas: “¿Marcela, vas bien? ¿Te duele algo?” Marcela y Laura (nombres ficticios porque no me acuerdo de los reales) responden que todo en orden.

“A mi nadie me ha preguntado pero me duele todo” contesto yo muy igualada.

Entre carcajadas y comentarios, entablamos una amistad entrañable que duraría unos 20 minutos aproximadamente. Cruzamos dos ríos juntas, nos ayudamos a pasar entre piedras, nos agarramos de los bejucos, nos decíamos “¡ooopa!” cada vez que nos resbalábamos bajando. Un aura de compañerismo y solidaridad nos rodeaba. Qué complicidad. Qué alegría. Qué disfrute de la naturaleza.

Y la calle de lastre no aparecía.

Al rato le pregunto a Tatiana qué tiempo piensa hacer ella pero ¡oh, lástima! Por estar con los audífonos no oye mi pregunta –o se hace la loca. Me siento un poco tonta pero eso no me achicopala. Empiezo a bajar y tomo velocidad. Dejo a mis amigas del alma porque es hora de ponerle. Atrás quedaban unos momentos inolvidables.

Rey me había dicho que tenía que hacer menos de 2 horas y 30 minutos. Ese tiempo me carcomía la mente. Pero si el Coco Run lo había hecho en 2 horas, 15 minutos y Rey me había dicho que esto era como la del Coco… Ya entiendo a las gimnastas rusas y la presión que pone en ellas su entrenador.

Aquella vara era como subir, subir y subir gradas.

¡Miércoles! ¡Me golpeo en una piedra el dedo del esguince! “¡Oooooouch!” Se comporta bien y al rato todo vuelve a la normalidad. Si es que a esta carrera se le puede llamar normal.

Empiezo a pasarle a la gente que se va quedando atrás. Salir lento al principio tiene su recompensa más adelante. La salida lenta es agradecida.

Anteojos Mizuno XCZ4000WWW todavía en su lugar. Como toda una señora de súper que salió a su caminata diaria.

Tercer río. Inevitable mojarse hasta la rodilla. No importa. Confirmo que se hacen menos ampollas cuando no hay calle de lastre. Mal de muchos, consuelo de tontos: qué bueno que no hay lastre.

Me le pego a un grupito de camiseta rosada. Claro, era la camiseta de mujeres que dió North Face a los participantes. Buena calidad pero con mangas y eso me mata. Marca North Face, obvio. La dejo para entrenar en Bogotá.

Voy detrás del grupito, vienen a un buen ritmo. “Aquí me quedo” pensé yo y le dije a Yeimy “voy detrás suyo, si usté para, yo paro”. Así estampó el nombre en su camiseta, en letra plateada.

Las piernas pesan, cuesta levantarlas. Se enreda uno en las raíces. Salimos a un claro en el bosque. El sol pega. Pega fuerte. Igual no me pongo los Mizuno XCZ… Mucha cuesta. No, mucha cuesta no, tooooodo es una cuesta. ¡Puta! Empiezo a caminar porque la cuesta no me deja correr. Y cuando me veo, estoy subiendo lo que sería el equivalente a unas gradas de unos 30-40 centímetros. “No debo caminar” pero me acordé de una teoría sobre la que Rey me había hablado y camino. Le paso a la gente que sube corriendo las cuestas. “Gracias Dios por estas piernas largas a lo Naomi Campbell, a lo Giselle Bündchen” pienso yo. No pensé eso, solo subí. Y señoras y señores –aquí es donde oyen de fondo “Charriots of Fire” y me visualizan subiendo en cámara lenta como en “National Lampoons Vacation” cuando entran al parque- veo unas medias, una estatura conocida, un Camel conocido…. ¡Sí, era la Patilarga!!!!!!!!!!!! Viene respirando fuerte, caminando muy lento…Y le paso con una sonrisa de medio lado al mejor estilo Emoji. Ta, ta, ta, tan….. Muchas gracias.

Y si no era ella, qué importa. Digamos que era ella.

“Yo la jalé pero ahora le toca a usté jalarme” me dice Yeimy. Yeimy sólo llevaba una botella de agua Cristal con líquido anaranjado adentro. Me hizo pensar que uno lleva tanta tecnología encima y cosas tan caras y otros con mucho menos hacen mucho más. Felicidades a Nairo Quintana.

Corrimos y caminamos juntas del segundo al tercer puesto de asistencia. En el tercero se me quedó Yeimy. La busqué en la meta pero no la encontré. Sé que la terminó. Tono nostálgico al escribir.

17 o 17.5 k. Arrancando del último puesto de asistencia. “¿Cuándo putas termina esto?”

Después de esa paradita, el arranque dolía hasta en el alma. Veo el reloj porque pienso que voy a durar tres horas y sería una pelada con el “treiner”. ¿Cuándo en mi vida veía un reloj para ver tiempos? Hago un cálculo rápido –a lo que la mente me permite mientras subo la cuesta –y mi estimado arroja un tiempo de dos horas cuarenta. “Ah, no estaría nada mal si llego en ese tiempo” pero me parece como que faltan horas para llegar. Nótese mi nivel técnico con cálculos, estimados y la palabra “arroja”.

Antes o después del puesto de asistencia, no me acuerdo muy bien porque el esfuerzo causa lagunas mentales –otra vez los estoy vacilando- aparece un paisaje Macondesco -¡uno muy perdido! Bueno, para estar a tono en estos meses, hay que mencionar algo que tenga que ver con García Marquez, obvio. Sí, yo también me leí muchos de sus libros…El coronel no tiene quien le escriba, oooooooobvio 100 Años de soledad, Mis putas tristes, Ya no seas codependiente….

Ahora sí, iba solita. Es raro pero sentí que la cosa estaba tan dura que no podía pensar mucho. ¡Qué mantra ni qué nada! Traté de enfocarme en algo pero no fue fácil.

Aún así, cuando pude pensé en cada uno de ustedes y lo que les iba a escribir. En sus comentarios. En las animaladas. Me reía sola de sólo pensar en la narrativa. Por ejemplo, lo de Macondo nació a causa de una especie de páramo con todo quemado y un sol cabrón. Al menos eso fue lo que vi, no creo que me lo haya imaginado. Pensándolo bien, la mente estaba en ustedes.

Nuevamente, ánimo a los que van caminando muy lento y se ven hechos leña.

Me cuesta mucho correr porque nunca hay un plano. Estoy cansada. Extrañamente siento tranquilidad en saber que nadie me está pasando.

Me le pego a unas medias de compresión rojas. La chavala viene a buen ritmo y un paso de bastonera que ya en esos momentos me costaba mantener. Con un moño que le salía de la gorra (un moño, really?), aretitos, sin gota de sudor, ni media pelota de barro.

“Si seguimos con esta sombra yo sí llego” le comento tratando de entablar amistad y encontrar algún consuelo. ¡Qué necedad la mía con esa habladera! No hay respuesta hasta 40 segundos después. “Sí” con una risita de compromiso es lo único que me contesta. Salada porque igual me le pegué.

Camino, corro, camino, corro…Nunca había caminado tanto en una carrera. Claro, era la primera de aventura que hacía.

¡Salimos a la calle de lastre!!!! Para solo cruzarla y meternos en montaña otra vez. “Pero si yo ví muchos carros parqueados” le digo a un compañero atleta. Me dice que ya casi llegamos. No, montaña era lo que seguía.

Pienso mucho en Rey y sus 50 k. Veo los rótulos que indican por donde va cada carrera. Pienso en que Adriana ya terminó sus 10 k y que no la ví en la salida. Vuelvo a pensar en Rey y esos 50 k…WTF?

Carros, muchos carros, ruido de la gente. ¡Había llegado!!!! Para cerrar con broche de oro hay que subir una cuesta con piedras y esa tierra roja resbalosa… Pienso que los de la carrera nos están vacilando y nos van a meter por montaña otra vez y para torturarnos nos hacen pasar frente al público. ¡Noooooooooo! ¡Había terminado! Ya no parecía tan duro todo lo vivido. “Señor, por dónde cojo” no, no era a Dios que le estaba preguntando qué hacer, es al mae que está medio dormido y lo quiero ahorcar porque pierdo dos segundos en la indecisión. Ya acostumbrada a no tener la exclusividad de los Ironmans y de un ultramaratonista como Rey; entro entre varias personas, veo mi reloj, empiezo a caminar, recojo mi medalla, mi Gatorade naranja muuuuy bien diluido y mi banano. Ya, eso fue, se acabó. Así de fácil.

Oigo que anuncian por parlante masaje deportivo con drenaje linfático.

“¿Para cuánto sale el masaje?” pregunto a las señoritas bajo el toldo. Mentira, no pregunté “para cuánto”.

“5,000 colones los diez minutos” me contesta Jenny.

“Deme 20,000 en masajes” le digo yo.

Faltaban varias horas para que arribara mi ultramaratonista.

Eso sería. You’re welcome.

 

18 de abril, 2014

 

 

 

 

 

 

 

Constantina ¿segundo lugar?

Coti -así le digo de cariño desde que su hermana menor de bebé no podía decirle Costi como le dicen todos- tenía mucha tos en la tarde. Tanto así que cuando la mamá la oye por teléfono me pide que no la lleve el lunes a la escuela y que la pase a dejar a la casa para que yo pueda trabajar. Estoy a una semana de tener un evento muy grande y con mucho detalle.

Se quedó a dormir en casa porque mi hermana estaba de viaje con su esposo y la escuela queda cerca de donde vivo.  Las otras dos hermanitas que están en una escuela diferente a la de Coti se quedaron donde una de las abuelas.

Nos acostamos no muy tarde viendo tele, los ojos le lloraban, estaba ronca y tenía muchos mocos. Definitivamente no se sentía muy bien porque cuando se quedan a dormir en casa se acuestan lo más tarde que pueden.

La froté con Zepol aunque no estaba muy contenta con el olor del remedio, siempre gruñe y pide que no la frote más. Hasta la fecha soy fiel creyente de que una vigorosa frotada nocturna lo cura todo. Lo que no se hereda se hurta, este ha sido el remedio infalible de mi papá contra la tos y el resfriado.

Antes habíamos pasado a la farmacia a comprar un medicamento que me pidió la mamá que le diera.

Admito que cuando Coti se resfría y está conmigo me pongo un poquito nerviosa debido a su afeccioncita en el corazón. Sigo las instrucciones de los medicamentos que me da mi hermana al pie de la letra y leo todo varias veces. Cuando la froté, de paso hice una oracioncita pidiendo que no tosiera y pasara una buena noche.

El lunes Coti amanece igual de resfriada pero bien de ánimo. Dormimos hechas un colocho. Siempre que andan resfriadas yo salgo premiada pero no la iba a dejar durmiendo solita en el otro cuarto. También me niego a dejarla en la casa con las muchachas y le pregunto a mi cliente -amiga si puedo llevarla a su casa conmigo. Sólo tenía que hacer el inventario de los artículos que estaban en su casa para enviar al hotel Intercontinental por lo que me sentí cómoda en hacerlo. Le pregunto también a la más importante del día si quiere ir conmigo a trabajar y decido nombrarla mi asistente.

Lo que me iba a tomar unas dos horas me tomó más del doble. Pasó muy tranquilita con mi iPad en un sofá cerca de donde yo estaba. Es la más techie de la familia y le encanta estar buscando cosas y leer, es la que siempre me deja el iPad a reventar de aplicaciones de juegos. Mis clientes se portaron divinos con ella y ella disfrutó la importancia que le dieron enseñándole cosas de la casa como por ejemplo las huellas de las manos de los cinco integrantes de la familia cuando construyeron su casa.

La casa de mi amiga es muy grande y linda pero en la tarde Coti me dijo que lo que más le había gustado de la casa eran las huellas en la entrada del garaje. Es curioso cómo los niños le dan importancia a los pequeños detalles.

Fuimos con un camión y el chofer a dejar el inventario al Inter…aquello se me hacía eterno porque a mi pequeña asistente hacía horas se le había pasado la hora de almuerzo pero el iPad tenía suficiente batería y dejé el carro encendido porque hacía calor y no quería que se sintiera mal. Le había ofrecido de premio y como pago del día de trabajo que almorzáramos en el Inter lo que quisiera. Como le encanta la comida, sé que es una justa y buena paga.

Toda una trabajadora ejemplar. No hubo queja alguna. Me llamó la atención su gran paciencia y buen comportamiento. Bien merecido tenía el almuerzo.

Todo un espectáculo verla pedir su hamburguesa gourmet. El salonero tratando de estar serio mientras tomaba la orden me volvía a ver como preguntando: “¿usted le dijo que se aprendiera lo que iba a pedir….?”. La combinación de ingredientes que escogió de la lista me causó risa. Acertada combinación la que hizo. Como buena hija de su madre que es chef.

-“¿Qué pensás de que tíoCu y yo adoptemos un bebé?” – Le pregunté de la nada mientras nos comíamos la hamburguesa y el salmón.

Hubo un silencio un poco largo para ser una niña de 8 años. Me parece que dejó de masticar y por los ojitos que iban de un lado al otro lentamente, sentí que pensó por un ratito la respuesta que me iba a dar.

-“Me parece bien… solo que no tan bien porque nosotras pasaríamos a un segundo lugar.” Me contestó con un poco de pena, con esos ojos verde oscuro con pestañas casi negras, entrecerrados y no muy segura de que para mí era la mejor respuesta. La sonrisa que se le salía era como para que la perdonara por la honestidad pero muy segura de que eso era lo que pensaba y que me lo tenía que dejar muy claro. Esa sonrisa que deja ver los dientes de los lados en desorden y que se le salen como una morsa –yo la molesto con eso y se enoja mucho. Siempre le digo que es un cumplido y que se ve muy simpática pero claro que no lo entiende.

-“Tengo que acordarme de estas palabras. No se me puede olvidar. Cuando le cuente a mi hermana y a Rey…” Es lo que pienso rápidamente, conmovida y alegre por semejante respuesta. Inmediatamente tengo que pensar rápido porque me pregunta:

-“¿Por qué me preguntás eso?”

-“No… sólo quería saber qué pensas de la adopción…”

-“Me parece bien pero no sé si yo quisiera que vos tuvieras… Si yo adoptara un hijo, que sí lo haría cuando sea grande, me iría a un lugar muy pobre como Africa…aunque qué difícil adoptar sólo uno…de fijo cuando llegue y vea a todos los chiquitos me los voy a querer traer a todos conmigo…”

Mi orgullo no me daba más. Estaba asombrada de esa conversación tan seria y madura. La ternura no me cabía en el corazón. ¡La quería ascender de puesto!

Hace menos de dos semanas me volvió a recordar que a ella no le gustaría que tuviera hijos porque ya ellas tres no serían tan importantes para mí ni me podrían visitar en Bogotá porque yo estaría ocupada y yo no podría ir tan seguido a Costa Rica.

Cuando Constantina nació el doctor le dijo a mi hermana que había nacido con un corazón enamorado. Porque latía más rápido de lo normal.

No tengo muy clara la parte médica de lo que sucede con su corazoncito pero lo que creo firmemente es que nació con un corazón más grande de lo normal donde caben una gran nobleza, empatía y ternura. Y sí, es un corazón enamorado de la vida.

Esto junto con otros episodios de mis sobrinas que se desbordan en amor y simpatía me van quedando grabados en el alma.

Hace muchos meses estábamos en un offsite de la oficina donde trabaja mi esposo y conté la historia de Coti. Sandy me pidió que se lo enviara por escrito y no lo había hecho. Esto se lo dedico a Sandy porque gracias a ella empecé a escribir estos relatos y guardarlos. Tal vez cuando estén grandes les haga gracia leerlos. No sé porqué Sandy me lo pidió pero me gustó que lo hiciera.

¡Y claro que me gané el premio de consolación! A menos de dos días del evento me entró una gripe digna de pasarla en cama. No me pude dar el lujo. No importa, había requete valido la pena.

Miércoles 19 de noviembre, 2014

Los viajes. Los cortos y los largos.

Los viajes son lindos. Los aviones un transporte glamoroso, de cierta clase social -decían antes- hasta se viajaba vestido elegantemente. ¡Vaya manera de vestirse la de mi madre para un viaje! Aunque lo de glamoroso no aplica para la señora dulce que viene al lado mío y que se preocupó por pedir mi comida mientras fuí al baño pero que se viene escarbando los dientes después de comer con ese sonido de soplar aire -o más bien jalar aire- que tanto me molesta. Pierde puntos por eso.

Los aeropuertos son un lugar de partida o de llegada (en este momento pienso que suena lindo que los viajes son el principio o el fin de algo) donde casi siempre hay alegría, alivio o tristeza. Hay sonrisas, lágrimas de varios tipos, un apretón de manos y muchos abrazos de todo tipo. Un lugar donde los enamorados se reencuentran. El lugar donde algunos llegan para trabajar por unos días, otros en busca de una nueva oportunidad por el resto de sus días o simplemente para disfrutar un lugar por varios días.
Es un lugar donde los familiares se encuentran para estar juntos o regresan a casa después de meses o años de no verse. El lugar donde algunos llegan después de estudiar afuera de su país con la ilusión de empezar una nueva vida.
Todo esto lo he visto muchas veces mientras espero a alguien. Me encanta hacerme historias de cada llegada. Al menos todas las anteriores, me las he creado en mi cabeza por lo que veo mientras espero.
También el lugar donde llega la gente para despedirse de un ser querido. Peor aún desde mi punto de vista, donde algunos que ya se han ido, llegan para descansar por siempre.
Algunos viajeros llegan a tiempo para despedirse, a otros nos avisan que ya se fueron.
Hace 15 años el viaje no fue glamoroso, mucho menos un viaje lindo. Ha sido el peor de mi vida. Me avisaron que él se había ido. Se fue antes de tiempo. Mucho antes de tiempo. Se fue sin avisar. Se fue sin esperarlo. Ninguno de nosotros lo esperaba.
Era la quinta vez en mi vida que Aquella venía sin anunciarse. Todas han sido duras para mí. De gente joven. Las de mis 3 abuelos no cuentan, se fueron un poco antes de tiempo para mi gusto pero lo de los abuelos es lo natural -supuestamente. Todo nace, crece, se multiplica y muere – decía mi libro de Science mientras con un dibujo me explicaba el ciclo de la vida de una mata. Ojalá fuera así de sencillo.
Nos preparan para que los viejitos se vayan antes. ¿Y los jóvenes? Se convierte en una tragedia. Es algo antinatural.
Esta vez, en el mismo día, un quince (maldito quince que se repite por cuarta vez. No es normal.), se fue otro. Algunos teníamos la esperanza de que se fuera a quedar más. Pero no se pudo. Creo que quería quedarse aquí pero no lo dejaron. Me han dicho que a veces uno escoge cuándo irse. ¿Será? ¿Nos darán ese privilegio? ¿O es lo contrario a un privilegio?
Jueputa muerte que nunca avisa. Casi nunca, nunca, se le invita pero como sea aparece. Tarde o temprano. No nos preparan para recibirla. Al menos no en mi religión o en mi caso.
Este olor del whisky me recuerda cuando Papi llegaba en las noches del trabajo y se servía un trago en un vaso bajo con mucho hielo y me enseñaba cómo jugar ajedrez. Seguro eso lo relajaba. Antes no me gustaba el sabor del whisky pero el olor me encantaba. Ya se juntaron sabor y olor. Posiblemente mi paladar se ha refinado un poco… Aunque ¿quién decide qué es fino y qué no lo es? De lo que sí estoy segura es que mi paladar ha cambiado. La vida cambia todo. Papi me decía hace unos días: “no sé si lloro al hijo o al hermano….” Y el corazón se me resquebraja. En silencio pensé que lloraba a todos los del día quince.
Los viajes… Siempre me han causado ansiedad. Y según yo, todavía no sé por qué.
Otro whisky, por favor. Con mucho hielo.

20 de abril, 2016/San José-Bogotá

 

 

 

4:26:55

(Música de fondo)

Siéntense a escuchar

el relato de un viaje crucial (para nada fatal)

que empezó en la ciudad de Bogotá

a bordo de un aeroplano, a bordo de un aeroplano

El piloto (Anas) un poco nerviosón

el Capitán (Rey) valeroso y confiado

muchos pasajeros salieron ese día

a dar un paseo de (al menos) tres horas, a dar un paseo de (al menos) tres horas…

 

Así empieza esta aventura que no tiene nada que ver con Gilligan.

Domingo 13 de octubre…creí que ya casi sonaba el despertador y que por eso me desperté solita (pero ¿cómo? si me había acostado a las 12:00 mn viendo Monsters University. No podía ser posible que ya tocara levantarme), alguno que otro movimiento intestinal no me dejaba dormir…pero todo iba a estar bien.

2:30 a.m. vuelvo a ver el reloj y esa era la hora. Empecé a pensar en cosas bonitas, en las sobrinas, en la salida de la carrera…no, no, no… ¡No era un buen pensamiento a esa hora! empecé a aplicar the relaxation response

3:00 a.m. …motivación de todos ustedes, los consejos…

3:30 a.m….”¿me tomo algo para dormir? ¡no! ¡eso sí sería un viaje fatal!”

4:00 a.m. “todavía me puedo dormir media hora porque ahora sí estoy cansada…”

4:30 a.m. ¡sonó la alarma! ¡Directo a bañarme!

4:45 a.m. lista, sentadilla en la cama, con el mejor outfit que se haya hecho hasta ahora en la historia de las maratones.

Rey me dice que nunca he estado lista tan rápido. Tanto así que tuve que esperar 15 minutos a que llegara el desayuno.

5:00 a.m. huevito pasado por agua, té (¿cómo no tomar té?!), medio bagel con miel (no entró más que eso) y banano, todo esto acompañado de la parte final de Monsters University…me ayudó mucho para bajar el mariposeo.

Geor, las chicas me dijeron que es pésima…nada que ver, ¡está buenísima!  Mike Wazowski y James P. Sullivan, mejor conocido como Sulley; dos maravillosos personajes que más adelante en la carrera me encontraría en repetidas veces en forma de globo metálico de helio…imposible no sonreír ante estos dos en cualquier milla. Cada medio sonrisa, risa o carcajada en la carrera era ganancia para mi estado de ánimo. De eso no me quedó la menor duda.

Después de embarrarme los casi 368g. del pote de Vaselina, tomarme la foto que les envié en la madrugada y hacer un chequeo mental para que no se me olvidara nada, salimos del hotel. La verdad, un poco cara de barro esto del chequeo mental porque el que llevaba todo lo importante era Rey…Más adelante lo confirmaría.

6:00 de la madrugada, tan oscuro como si fueran las 10:00 p.m.  Decenas de personas caminando hacia el mismo lugar que nosotros. De camino ya estaban los fotógrafos de la Maratón, lo que había que tener puesto era el número para la posterior identificación del atleta. Posamos como 3 veces. Peace and love hand sign.

En la primera cuadra Rey me entrega un papel doblado y me dice que es de una amiga que me lo mandó…no voy ni por la tercera palabra cuando se me nubla el lente de contacto… Yo pienso: “¡qué detallazo!” Y tomo una de las mejores decisiones: guardarlo entre mi bóxer Hanes 95% puro algodón, 5% spandex (la pieza del elástico lo dice, claro está) y la licra de correr. Cuando vamos llegando, me da otro papel… y pensé: estas dos entran conmigo a la meta porque no pudieron venir pero vamos a entrar juntas. ¡El papelito va pal boxer!

Llegamos a los corrales. ¡Qué cantidad de gente!!!!!!!! Algunas en pijama y pensé: estos gringos locos que se disfrazan pa todo. Claro, ya yo estaba pensando en mi disfraz del año entrante.

Mientras tanto Rey se fue a averiguar algo (todo lo tiene que saber), aunque creo que ocupaba su tiempo solito, de él con él.  Me senté a la par de Pablo, un señor mexicano que vive en Houston. Quería hacer un tiempo de 3:10…¡puta! ¡casi salgo huyendo! Bajo el toldo que nos medio guardaba del frío, intercambiamos algunas opiniones. Le respondo a sus preguntas sin dar mucha info pero siempre cae uno en la trampa de la cabeza. Cuando me pregunta cuándo me devuelvo, le respondo que el lunes….”¡ah, muy rápido! El lunes te va a doler todo…” Igual todo me lo dijo muy buena gente pero “¡ciao Pablo!”

Todos en el corral como ganado, se canta el himno de los “Estados” con algunas fallas técnicas (mejor, estuvo menos sobrio y así no lloré) y de pronto la gente empieza a deshacerse de sus pijamas (¡eran pijamas!), bolsas plásticas, jackets viejas, guantes, bufandas, gorras….los tiran al lado, le cae a alguna gente encima y solo se oye: “sorry, I’m sorry” -siempre tan educados estos gringos!

Nos vamos moviendo a paso de tortuga…es tanta la gente que caminamos muuuuy lento por varios minutos (en este instante en mi casa en Bogotá estoy cagada relatando, con la lágrima en el ojo de la emoción)…

Como si fuera poco que Rey (que no es un príncipe, es un rey de verdad) me está acompañando, decide alzarme para que yo vea para adelante y para atrás…¡SE ME PARAN LOS PELOS! Nadie en la carrera, a menos que lo alzaran pudo haber visto lo que yo vi.Un mar de gente que se movía como hormiguitas. No se veía el principio ni el fin.

Meto las manos entre los guantes para hacerme que me estoy calentando pero estoy llorando y Rey me pregunta: “¿estás llorando?” Me acuerdo de Chapita y le contesto: “noooooo, tengo frío”…

Any Way you Want It de Journey es lo que suena cuando nos toca arrancar y pienso en el nombre de la gira de Michael Jackson: This is it!!!!!! Cuando paso por la salida pongo el Polar y le damos. Faltaba mucho para apagar ese reloj.

No hay nada que les pueda escribir que vaya a describir cómo me sentí. Algunas cosas que pensé: “voy en otra dimensión, qué es esta grandísima oportunidad de hacer esto, ese mae rellenito va rapidísimo (me acordé de Chapita y cancelé ese pensamiento), qué maravilla tanta gente dando apoyo….” Pasan los pacers con sus rótulos 4:00/4:10/4:20…. Para los que no saben, los pacers son corredores que lo ayudan a uno a terminar en un tiempo específico. Llevan un rotulito (no se qué es más cansado, llevar este rotulito o el disfraz) y uno los sigue. Y pensé: “¿será que nos pegamos a uno?” Como si esto fuera alguna fórmula mágica…¡ja!

Doblamos a la izquierda. No se porqué esos virajes eran como alcanzar la fama…la gente se abre hacia una lado y quedo con mucho espacio de mi lado. Una chavala me ve la camiseta y me grita: “Your first one!!! Way to go!” Y pienso: “esta camiseta está cumpliendo su cometido…”

Primer rótulo que veo entre el público:

YOU’RE ALMOST THERE 

¡y no llevábamos ni una milla!

No supe cómo tomarlo pero me reí. Primero me sentí engañada pero después me reí.

Trabada, iba muy trabada. Sentía que iba haciendo un esfuerzo grande pero no podía pensar en eso. Con mi Zoot wind breaker (compañero fiel, ya no los fabrican. Ese modelito no lo he vuelto a encontrar. Por lo tanto la decisión se había tomado habiendo puesto a prueba el método: cuando no lo necesitara me lo amarraba a la cintura, y se extendería a medio cuerpo como una capa corta de súper héroe…).

Rey me había explicado cómo iba a funcionar la alimentación, la hidratación, cómo había dividido la carrera para él por si yo quería hacer lo mismo -cosa que no hice, mi plan era “lo que Dios depare…”

Qué hijueputa (adjetivo calificativo que debe ser empleado para mayor énfasis) plan el de Rey más bien trazado, a la perfección, a prueba de todo, con una puntualidad alemana…Nunca se desentendió de mi. Todo lo contrario.

Voy viendo mis pulsaciones porque me siento muuuuuuy trabada y cansada…”cómo no”, pienso yo, “si no dormí…” “y-tampoco-entrené-co-mo-to-ca-ba”…  ¡Cancelado ese pensamiento otra vez!

Pasamos por la milla 9 a la hora exacta que Rey me había dicho. Me lo recordó porque vi banderas francesas y era “devant Starbucks á la 9ème mile de la course” donde mi profe había dicho que llegaba pero más tarde. No pude practicar mi francés. No importa, vi  muchos ”Allez allez!

Tuve mini ups and downs pero la gente hacía que fueran muchos, muchos ups. Varias veces toqué cartones que decían: “touch here for power” con una estrella o un “botón”. Yo ponía cara de que en efecto me iba a dar poder (¡y sí daba!), me corría un toque a la izquierda y tocaba el botón o estrella…”way to go!” me gritaban.

Entramos en algunos barrios donde había un poco menos de gente, empezó a calentar el clima. Antes me había deshecho de mis guantes de Gef, los quería mucho. Los enrollé, metí uno dentro de otro para que no se perdieran y al caño. Hay algunas descripciones que ya muchos saben pero para otros son necesarias: todo esto lo donan a gente que lo necesita.

En serio, ¡esta camiseta cumplió como nada su cometido! Unas 25-30 veces me debieron de haber gritado que buenísimo que era mi primera, que le diera con todo, que lo iba a lograr… Y como el diseño estaba tan bien hecho (jaja), cuando yo avanzaba y me veían por detrás, dos o tres me dijeron: “Anesteisha you can do it!”  Yo alzaba ambos brazos y con los dedos en señal de peace and love (ojo Geor, tu seña en múltiples ocasiones), les agradecía.  Se me olvidó recalcar el detallazo de la camiseta en la entrevista que nos hizo ESPN Run.  ¿Qué tal?! A la llegada nos entrevistaron. ¿Cómo no? ¡Estos dos cuerpos atléticos y esos outfits no podían pasar por menos!

Ya en las últimas millas donde todo es más lento, los mismos participantes me decían: “¡Costa Rica! ¡Vamos Costa Rica” ¿Por qué? Porque el diseño permitió una fácil lectura y rápida motivación. Ya se los había dicho.

Mucho más adelante nos necesitamos unos a otros. Siempre le doy ánimo a los que van peor que yo: “Vamos Mario”, “El Zarpe, qué buen nombre!”  “Sarita, qué bárbara el ritmo que lleva…!!” Sarita, una señora chiquitita, gordita con buen ritmo.  Toda esta motivación por lo que dicen las camisetas atrás. ¡Qué lindo!

Me pasa un mae y me grita algo de apoyo e inmediatamente le quiero devolver el gesto, leo su camiseta un poco atarantada y le grito: “Way to go MILES…26-point-two….!” Su camiseta decía la distancia de la carrera… ¡qué animal yo! Nos reímos los tres. Pero también ¿para qué pone la distancia?! ¡Todos sabemos lo que nos toca correr! Gracias.

Este evento deportivo tiene una energía impresionante. Yo me alimento de la gente. Es mi combustible. ¡La ciudad entera se tira a la calle! ¡Definitivamente se sienten las buenas vibras!

Algunos rótulos que vi, creados para desconocidos pero era como si fueran para mi:

To me you’re a Kenyan

You look sooooo skinny (y le grité de vuelta: “I know!” nos morimos de la risa y nos hicimos amigas)

I don’t know you but I’m proud of you

Run random stranger

Marathon: a 10k race with a 20 mile warm-up (la señora bien ubicada, 10k antes de terminar)

With that fuel belt your butt looks great

Chafing is sexy

Toenails are overrated

Free Hugs -Varios cartones puestos enfrente de una banda que tocaba en una esquina y paré a abrazar al cantante. El mae paró de tocar, se bajó de la acera y nos abrazamos. Rey me pregunta quién es y le contesto “no sé…”

Motivational Sign (eso era todo lo que decía este sign pero me hizo reír)

Thanks for reading my motivational sign (me reí pero casi lo ahorco)

Smile if you’re not wearing underwear

Smile if you peed a little

Your training lasted longer than Kim Kardashian’s marriage…

You’re not the government, you can’t shut down (y es que sí funcionan porque pensé que tenía toda la razón)

Gracias a las negritas uniformadas de verde menta  -parece que de alguna iglesia- que aparecieron como 3 veces con sus rótulos espirituales motivacionales. Buena nota. Dieron en el clavo.

Me motivaban mucho los rótulos colgando en las partes de atrás de la camisetas, como unas cintas con gasillas que decían: “In honor of…” “In memory of…” ¡Un mae llevaba como 25 cintas!

Y por muchas causas: espina bífida, cáncer, diabetes…  ¡Más gracias le daba a Dios de poder estar ahí corriendo!

Llevé mucho tiempo adelante a un mexicano que decía atrás en su camiseta: “Má, esta va por ti”. Awwww!!  Otro mae decía atrás: “To Mom and Dad” Así es que Ma y Pa, los tuve presentes ¡y con recordatorio! Geor, dos hermanas llevaban “sister” con una flecha para el lado opuesto de cada una. Vestidas igualitas, de amarillo y gris. Solo que una era más flaca…como vos…

Seguía trabada. Me sentía cansada pero perfecta de aire. El cuerpo también perfecto. Era raro.

De pronto, out of the blue, me empezó a pellizcar la rodilla izquierda, le pedí a Rey que nos pasáramos al centro de la calle porque tal vez iba un toque inclinada.

De pronto un metatarso.

¿Y qué fue aquello que se me desencajaba la cadera derecha?

¡Nunca en la vida!

Claro, nunca en la vida había pasado de 2:30 horas. Nunca en la vida había hecho una maratón.

Quería llorar y preguntarle a Rey: “¿verdad que la vamos a terminar?” porque me urgía que me dijera que si pero me pareció demasiado niña mi lamento.

En un momento decidí no ignorar el dolor porque me estaba enfocando más en eso y mejor que formara parte de mi, sentirlo, ir juntos. En eso Rey me dio un “tips” parecido, el del monje y pensé: “voy bien, no ando tan perdida”.

No se cuándo desapareció todo pero nunca más dolió nada. Y cuando diga nunca es que hasta hoy me siento fresca como lechuga. “Suck it Pablo from Houston”. Tenía que escribirlo…

Gracias Dios.

Me había prometido a mi misma no caminar. Siempre cumplo mis promesas a los demás, ¿cómo no cumplirme a mi?!

Cuando revisé mis pulsaciones (sorry pero eso sí lo tenía que chequear), en ese momento fue inevitable ver el tiempo: 2:35 hras. Aquí empezaba lo desconocido para mí…Twilight Zone! Fuera bueno o malo ¡era la primera vez! Sentí meeeello pero también tuve un boost y fui feliz. Volví a ver aquellos edificios aaaaaltos, aquellas calles aaaaanchas, se oía un ritmo de todos marchando como al mismo paso, no había música ni mareas de gente en la calle. Todos estábamos en lo mismo. ¡Y yo ademas iba con mi Tiri!

Rey no es de hablar nunca en la corrida, no le gusta. Pero nuevamente, le salió a relucir su condición de rey cuando le dije que NECESITABA que me hablara y me dió varios speeches. Todos muy buenos.

Otra buenísima fue cuando seguro me vio cara de culo, iba jalándome como a dos metros adelante mío y lo veo que baja la velocidad y me dice: “necesito que me jalés porque me está doliendo un pie…” Creo que llevábamos como doce kilómetros o catorce… Y pienso: “qué raro, venía adelante mío jalándome y ahora me dice esto y yo no tengo fuerza para jalarlo…” Inmediatamente le desarmé su argumento de psicología inversa y se murió de la risa…le tocó seguirme jalando.

No parábamos en las estaciones de hidratación pero caminábamos rápido. Estos eran mis momentos que me sabían a ¡¡¡GLOOOOOORIA!!! por lo que en lugar de caminar 4m, decidí caminar 6m pero Rey me descubrió y me dice: “Anas, necesito que pare menos y le ponga” ¡Buuuuuuuuaaaaaaaaaaaa! “Me pescó” -pensé yo, me le enfrenté con voz fuerte y le dije: “no porque me ahogo” y empecé a tomar más lento para reforzar mi argumento. Igual, me descubrió.

En el km 32 (tenían rótulos en millas y en kms. Buenísimo.) tuve un segundo aire. Empecé a vacilar con la gente, otra vez a leer los rótulos, le puse un toque más, me sentía poderosa. La mente iba brillante. Sólo pensamientos positivos.

Solo me faltaba una carrera de 10k. Así decidí verlo.

Anastasia owns Chicago!” Y pensé en aquella foto que me había tomado en el stand de Nike (referencia en mi FBK) y que tenía toda la razón.

Música de fondo, música en la cabeza, rótulos repetidos que seguían haciendo gracia. ¡Esto lo termino!

Rey no solo tenía papelitos de estas dos amigas que iban a entrar a la meta conmigo, tenía papelitos de ¡TODOS y CADA UNO DE USTEDES!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Los llevaba en el canguro que acabo de bautizar Nathan (por la marca). Fue muy raro porque dijo que no iban en orden específico (solo faltaba que llevara un archivador) pero cada uno fue saliendo en el momento justo y necesario. Decían lo que tenían que decir. Dios es grande.

Por ejemplo el de Papi y Mami, entre otras cosas decía que me esperaban en la meta….¡en la milla 24 aprox! ¿Así o más adecuado?!  Todos iban quedando doblados entre el bóxer y la licra y TODOS entraron conmigo a la meta.

Más o menos en el km 34 me dio otro papelito…en este exploté y lloré mucho, como chiquita, con ahogo incluido. Rey los conocía todos y me dijo con una sonrisa: “Anas, lo que dice ese se supone que te tenía que hacer ir más rápido, no más lento” Nos reímos y estuvo de acuerdo conmigo en suspenderlos por un rato para no ahogarme.

¡Los de las sobrinas son divinos! Por razones obvias y por protección de derechos de autor, me los guardó para mi. Pero qué tal que venía pensando en Galita y de pronto Rey me da el papelito que estaba firmado por “Galita”.  Rey me dijo que Geor le había dicho que ella misma puso así….is that cute, or what?!

Todos los papelitos están conmigo, sanos y salvos. Ya desarrugados.

En la milla 24 veo una bandera de CR y a Gustavo (mi amigo presidente de un grupo de corredores, compañero de Krispy Rent a Car, estaba en el cole y dueño de la palabra  “marchambro” -chiste que solo a él y a mi nos hace gracia). Le empiezo a gritar y me le tiro encima, nos confundimos en un abrazo (en periódico en RD, una noticia hace tiempo: “ se confundió en un abrazo con el Presidente…”).  Aquí claramente se sabía quién era Gustavo y quién era yo, nadie estaba confundido. Dimos como 3 brincos juntos, yo le gritaba que me diera el “marchambro” para entrar a la meta… Tuve felicidad para otra milla más. Me fui un toque de polla con la emoción y se me medio arratonó la pantorrilla izquierda. No importaba, había valido la pena y ya casi llegaba.

Ahí sí vi las pantallas del tiempo, veo mi reloj y le pregunto a Rey qué tiempo llevamos. ¡Puta! Ibamos hacer menos de las 5 horas que creí. ¡Había que socarle! ¡Ibamos a hacer menos de 4:30 horas!

No sé donde estábamos pero la ciudad se hacía graaaaande, la calle aaaaaancha, más y más gente, doblamos a la derecha, la subida del puente (¿qué era esa subidilla comparada con el Alto de las Palomas?!) y de pronto la meta….Antes del puente saqué una gasilla para pegarme el número que se venía levantando. Venía pegado de las dos esquinas de arriba pero por el viento se me levantaba la de abajo y no se veía el número. Me pregunta Rey que qué estoy haciendo y le contesto: “diay, sujetando bien el número para que se vea en la meta y salga bien la foto…todo este esfuerzo ¿y que no haya foto mía? ¡Ni loca!” Claro que pensó que estoy loca…

Me acomodé la capa de cintura. Extendí la camiseta para que se viera el look Relax ochentero: “My 1st One/Cheer Me up!!” y me acomodé el pelo pegajoso detrás de la gorra. Levanté los dos brazos con el peace and love sign en cada mano ¡y sonreí más!!!!!!!!

Pasamos el finish line y Rey me dice: “Anas, ya, pare…” pero yo seguía corriendo. 4:26:55. Mi primera maratón.

A dar un paseo de (al menos) tres horas…