Richard

Él empezó su historia con una frase que incluía "blanqueamiento anal". Yo estaba sentada entre el escaso público. Me puse nerviosa. Ya la imagen mental la tenía clara en mi cabeza y no era posible eliminarla. No había vuelta atrás pero quería seguir oyendo. Su historia empezaba a tener todos los matices posibles. Tenía (¡claramente!) ese gancho introductorio infalible para llamar la atención de cualquiera, tenía comedia, tenía dolor, tenía amor, tenía desesperanza pero también esperanza.
Nos contó cómo su pareja había muerto hacía unos años atrás de una terrible enfermedad, nos contó sobre su dolor y tristeza. Nos dijo cómo tiempo después le recomendaron experimentar en un lugar de citas para conocer a alguien y se lanzó con mucho miedo.
Richard es bajito y rellenito, de unos 58 años, calvo, con una barba tupida entrecanosa, vestía con una camiseta azul talladilla, unos pantalones cargo debajo de la rodilla y llevaba unas sandalias tipo franciscanas con medias.
En el lugar de citas le recomendaron adelgazar. Él puso resistencia pero le dijeron: "confíe en el proceso". Le recomendaron cambiar su forma de vestir acompañado de un "confíe en el proceso". Y también le dijeron que tenía que hacerse un blanqueamiento anal. Por supuesto que "confíe en el proceso" fue lo que le dijeron cuando él puso cara de sorpresa. Él decidió confiar en el proceso. Rebajó de peso, se compró ropa con un estilo diferente y aunque puso resistencia, decidió llevar a cabo la tercera.
Conoció a una persona con quien todo iba bien pero en algún momento se sinceró y le dijo que a pesar de que su compañía era muy agradable, a él le gustaban más rellenitos y que vistieran de una manera más informal. Junto con la sensación de un baldazo de agua inmediatamente mandó al diablo el "confíe en el proceso". Richard cierra su historia diciendo que su futuro amoroso en este momento es tan incierto y oscuro como lo que había antes de hacerse el blanqueamiento.
Yo fui a felicitarlo por la historia tan entretenida y magistralmente contada. No sólo me encantó pero quería darle ánimo y que supiera que alguien lo apoya. Casi quise decirle que parecía un storyteller profesional y que debería lanzarse a contar historias y hacer de eso lo suyo.

Tres días después vengo feliz caminando de otro show y veo a Richard en bicicleta en el semáforo. Le grito el nombre con gran entusiasmo y él sorprendido se hace a un lado en la calle, muy amablemente me saluda y me pregunta de dónde nos conocemos. Le digo que lo ví en Fail Better Story Time el sábado anterior contando una historia. Me pregunta cuál a lo que tengo que dar el dato completo, la referencia clave, la línea que capta toda la atención…. y no puede de la risa, empieza a ahogarse mientras se ríe contagiosamente, hace a un lado su bicicleta de Citi, de esas azules que se alquilan donde sea y se devuelven donde sea. Me pide disculpas por haberlo conocido de esa manera, con esa historia. Los dos nos reímos y nos quedamos hablando. Me dijo que no pudo ir a Happy Hour Story Hour el show del que yo venía porque estaba protestando en contra de Trump frente a su casa en la Quinta Avenida. Nos presentamos formalmente y me dice que habla español porque vivió algunos años en Perú. Habla un español perfecto. Es muy simpático y amable. Se despide de mí porque tiene prisa no sin antes preguntarme cómo se dice bleaching en español…
Sigo mi caminata feliz de haber conocido a semejante personaje. Siento que es mi nuevo amigo.
En la semana siguiente me lo encontré como parte del público en Risk!, otro show de storytelling en Brooklyn donde se cuentan historias que generalmente no se atreverían a contar en otro lado. Me dijo que tengo que invitarlo a contar una historia en mi país.
Lo volví a ver en The Moth en Soho haciendo la fila de los afortunados con entrada en mano; yo estaba en la otra fila, la de los mortales que esperamos dos horas para que nos anoten y ver si topamos con suerte y podemos entrar aunque sea para estar de pie. Ese día estuve de número tres en la lista. Llovía mucho y hacía frío. Lo cual hizo la espera más emocionante. The Moth es la cuna del storytelling en NYC. EL lugar. El espacio donde todos quieren ir a contar una historia, donde todos queremos ir a oír historias. Richard me presentó a otros "colegas" y trató de conseguirme entrada, amable como siempre. No fue llamado a contar su historia pero subió al escenario a decir su primera línea. Es un asunto de The Moth, los que se anotaron pero no son llamados porque hubo mucha gente esa noche, tienen el derecho de subir al escenario a decir la primera línea de su historia. Y ahí estaba Richard donde con solo una frase sobre blanqueamiento había hecho reír al público. Yo estaba muy lejos viéndolo y me sentí feliz de haber tenido la oportunidad de oír esa historia con solamente 6 personas más. Ahí estaba Richard, de quien después supe que es un gran activista, profesor, storyteller respetado en la comunidad neoyorkina quien además es coach en el tema, ganador de varios GrandSLAMS de The Moth…
Y yo que el sábado anterior me había acercado para darle ánimo a mi nuevo amigo Richard por su pequeña historia y lo iba a motivar para que siguiera en eso….

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