Fantastic Super Great Nation Numero Uno

Ahí estaba yo de camino al escenario, perdida en la oscuridad, metiéndome entre las mesas del público y pensando cómo se me había ocurrido voluntarizarme. Lo más seguro era que me iban a ridiculizar pero ya era muy tarde para devolverme y decir que no. Uno de los comediantes me recibió dándome la mano para subir al escenario. La gente aplaudía. Creo que aplaudían la valentía de lo desconocido. Me agradeció y pidió otro aplauso, me preguntó el nombre y me dijo que en esta escena nos íbamos a sentar a comer un pollo frito. Hizo un chiste local sobre el pollo, fingí entenderlo y me reí con el público. Mientras la escena seguía con otros dos actores, nos sentamos en nuestro “restaurant”, me dijo en voz baja que íbamos a fingir que comíamos y me dió las gracias muy amablemente. Me inspiró confianza y tranquilidad con su amabilidad a lo largo de los minutos que estuve en el escenario. Comíamos en el aire un pollo imaginario y nos reíamos. Yo me reía con el actor. Ahora pienso que nos veíamos muy natural hablando pero me estaba dando las instrucciones de lo que íbamos a hacer.

Hay varias razones por las que me voluntaricé a subirme al escenario de The Second City, nada más y nada menos que la meca de la comedia en Chicago. De aquí salieron los Belushi, Steve Carell, Tina Fey, Bill Murray, Mike Myers, Martin Short, Joan Rivers…solo para mencionar algunos. Y yo.
La primera razón es porque amo la comedia y mi sueño no es ser Miss Universo, ni estar en la lista de ejecutivas de Forbes, ni la vida eterna; es hacer reír. Detrás de esto hay todo un tema psicológico pero ahora no voy a entrar en detalles. La segunda es porque casi todo lo que me de miedo o mariposas en el estómago lo tengo que enfrentar. ¡Qué cosa con eso! La tercera es porque no pensé.
Cuando el actor gringo-mexicano preguntó si alguien en el público hablaba español, mi amiga y yo levantamos la mano y hasta sentí que la lámpara encima nuestro intensificaba su luz, como si fuera un efecto especial. Después me di cuenta que todas las lámparas del teatro se encendían gradualmente. Cuando preguntó si alguna quería pasar al escenario pensé en micro segundos que debía ir aunque fuera para la foto. Nos habían sentado de últimas y comentamos que era lo mejor para evitar alguna participación. Le iba a dar mi celular para que me tomara una foto a la distancia pero me dijo que lo hacía con el de ella. Con todos esos pensamientos en mi cabeza bajé las escaleras rumbo al estrellato y hacer mi incursión en el escenario internacional.

Mi compañero de escena me explicó rápidamente que los otros dos actores eran funcionarios de impuestos del gobierno, que él no sabía inglés y yo debía traducirle. Seguíamos comiendo pollo con cuchillo y tenedor –como Trump- imaginarios. Aunque fuera imaginario no me bajaba el pollo de la nervia. Pero seguía masticando.
Los otros dos actores hablaban y hacían su parte mientras la gente se reía. Uno de los actores hace la primera pregunta en una frase larguísima y trato de resumir todo mentalmente con palabras claves. Yo me reía pero de los nervios. Solo podía ver a la gente de la primera fila. Las luces eran muy fuertes y me encandilaban. El actor termina de hacer la eterna pregunta y decido improvisar y hacer mi propio chiste. Sí, así porque así. Fue algo espontáneo. Me sentía como con unos amigos. Me sentía como toda una profesional. Le pido repetir la pregunta. El publico se ríe, él me abre los ojos a todo lo que le da la órbita -se ve que no está actuando; mi compañero de pollo se atraganta, yo me río e inmediatamente traduzco la línea que me correspondía después de mi súper improvisación. Mi colega (ya estamos hablando de una relación profesional) me dice en voz baja mientras la escena sigue, que lo estoy haciendo muy bien, me pregunta de dónde vengo y me hace un resumen de lo que viene. Estaba un poco nervioso. Debe manejar una escena ensayada pero también me tiene que manejar a mí. Cualquier cosa puede salir mal. Puedo echarles a perder esa parte del show. Me preparo poniendo atención y hago mi segunda intervención. Es como una escena al mejor estilo de Cantinflas en donde todo se malinterpreta debido al idioma. El público se ríe. Yo me río. Las manos las tengo congeladas. La garganta la tengo seca, parece que dejo de producir saliva. La voz se me quiebra. Estoy china de reírme. Las voces de los actores las oigo a lo lejos y no entiendo nada. Me siento como en otra dimensión.
Me amigo-colega me da ánimo y me dice que viene lo más fácil, que ahora vamos a hacer un baile y que lo siga. Cada uno tiene su idea de lo que es fácil en la vida. Me dan ganas de salir corriendo. Yo no bailo. Menos en público, en un escenario, en ESE escenario. Y señoras y señores… el Dj pone Thriller de Michael Jackson y lo debo seguir como un zombie porque está relacionado con lo que él cree haber entendido de la escena lo cual hace el baile gracioso. Eso y mi cualidad para asesinar el ritmo hacen todo más gracioso. Nos movemos hacia el lado izquierdo del escenario. Se me hace eterno pero son como 3 ó 4 pasos. Ahora para el derecho, 4 pasos más y hacemos una salida triunfal al ritmo de la música y los aplausos del público.
Me ayuda a bajar. Nos despedimos con un abrazo. La gente aplaude. Me voy caminando rápido a mi puesto con una gran euforia . Sigue sonando Thriller. Es un ‘high’ indescriptible.

Llego a mi puesto. La gente alrededor me felicita como si acabara de recibir un premio Nobel, un grupo de jovencitos me levantan los dedos pulgares en señal de aprobación. La gente está feliz. Quiero llorar de la felicidad. Mi amiga mientras me felicita me dice que se le murió el teléfono. Yo le agradezco a mi público alrededor. Le pregunto a mi amiga si lo que me acaba de decir es cierto. La vecina está orgullosa de mí y me lo dice. Llamo a mi marido para contarle. Le pido a mi amiga que me abrace y lloro porque estoy muy, muy emocionada.
No hay registro alguno de ese momento. No hay foto, no hay video. Ese famoso show en Chicago, “Fantastic Super Great Nation Numero Uno” en The Second City del domingo 30 de abril del 2017 en donde fuí parte de un show e hice reír a un teatro completo por mi chiste improvisado de 3 segundos, me lo guardo en el corazón.

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