Nada extraordinario 

Días de no escribir. Nadie dijo que iba a ser fácil. Dice Stephen King que la única manera de mejorar es escribir y escribir. Y escribir. Todos los días. Mínimo varias horas. Eso no me está pasando. No me tiene que pasar, yo tengo que hacer que pase. Hay días que no estoy inspirada. No me nace nada. No me pasa nada extraordinario.Estoy en el avión. Voy en el 19D. Pasillo. A mi lado derecho viene una pareja. Él cuando entró sonrió, le sonreí de vuelta. Ella más tímida no me volvió a ver. Igual le sonreí. Me suele suceder. Trato de no juzgar.   Los oigo comentando. Parecen felices. Hablan sobre la almohada que traen. Ella le dice que se la puede dejar, que en este vuelo no se quiere dormir. Asumo que después tienen un vuelo largo y que hacen conexión en Bogotá. Llaman a la suegra de ella y se despiden cariñosos. Cuando despegamos él toma video de la pista y se toman fotos juntos. Yo veo de reojo y mentalmente hago los ojos para arriba, lo admito. Puedo ser detestable. 

Al rato viene la sobrecargo (ya no se les dice azafatas) y los felicita. Parece que ya habían hablado antes. Les dice que son dichosos. Que hay otra pareja en las mismas que va para Londres. Ya entiendo todo. Se ganaron un viaje a Madrid y van para allá. Van felices y agradecidos: “fue una gran sorpresa” es lo que ella le dice con una sonrisota. Yo me hago la que no estoy oyendo y hago que reviso mi Facebook pero no pongo atención a nada. 

Les traen una copita de champaña y unas semillas a cada uno. Por supuesto es a los únicos que les traen la cortesía. Ella acomoda la copa y la pone más cerca de las semillas. Le toma foto. Varias hasta que quede como a ella le gusta. Seguro más tarde la pone en el ‘Feis’ o se la manda a la familia o a las amigas. O se la guarda para ella.

Me puse mis audífonos y pongo mi playlist preferido. Me hace feliz mi música. Ella me acaba de interrumpir muy amable y sonriente para decirme que la sobrecargo me está ofreciendo comida. Me quito los audífonos y le doy las gracias. Ambos me vuelven a ver y me sonríen con gran felicidad. Gente realmente amable. Se les desborda por todo lado. Hasta parecen estar felices con este olor a pollo que me va matando. Puede ser carne también. No estoy segura. Es una proteína con mal olor.

Y yo pensando en que no me pasa nada extraordinario…  Esta pareja va feliz. Disfrutando cada minuto y detalle. Leyendo las revistas del avión, disfrutando su cena, viendo alguna serie en la pantalla, hablando de lo que les espera, se agarran de las manos… Y yo soy la afortunada que estoy aquí al lado de ellos para presenciar lo que pareciera ordinario. Estoy inspirada y feliz. 

Pienso que hubiera preferido el viaje a Londres. Sí, puedo ser detestable. 

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