El día que me casé

Amor en bolsita, Cereza de invierno, Uchuva, Goldenberry, Aguaymanto, Coqueret du Pérou, Amor Escondido, Uvilla, Tomatillo o su nombre científico: Physalis peruviana. Es una fruta exótica originaria de América del Sur. Adquiere su color dorado del sol, viene protegida en una delicada bolsita que parece un capullo bordado a mano por las más finas tejedoras. Es como un mini nido de oropéndola. Su sabor es agridulce. Como el amor.

Decidí copiarle la idea a Martha Stewart pero a falta de cerezas frescas por la época, tropicalicé la idea con el Amor en bolsita.  Una señora muy amable me las trajo directo de su plantación en San Gerardo de Dota. Le había pedido a María Elena, mi amiga-profesora-filóloga que me ayudara a hacer una frase para colocarle una etiqueta a cada bolsa, haciendo una analogía entre el sabor agridulce de la fruta y el amor. No lo logramos pero no importó porque las bolsitas se veían divinas con lo que parecían ser mini linternas. Las bolsas blancas de unos ocho dedos de altura de papel encerado las mandé a hacer en Alajuela por encargo. El sello de agua con nuestro monograma lo mandé a hacer en República Dominicana, la tierra de mi esposo. Le puse el sello a cada bolsa en la parte superior, una por una. Cada puesto tenía su dosis de Amor. En bolsita. Me encantan los detalles y complicarme la vida. Lo disfruto. En algún momento de la noche ví una guerra de uchuvas entre algunas mesas. Eso no lo disfruté tanto por lo que preferí hacerme la loca.

De ese día no me acuerdo de muchas cosas pero ayer que ojee mi álbum de bodas y mi baúl, me hicieron recordar muchas que estaban dormidas.  El joyero plateado en forma de corazón para llevar las arras -al que Mami siempre tan detallista le puso una cinta con florcitas, el pedacito de tela con nuestro monograma azul que Mami me bordó en el ruedo del vestido, el periódico del día que nos casamos que Papi me guardó para que me acuerde de lo que pasaba ese día, el libro de firmas de invitados, los recortes de las listas de regalos de los periódicos, las tarjetas de felicitación, mi antifaz del carnaval y algunos pétalos de flores entre algunos de los recuerdos que me encontré.

Mi bouquet tenía 60 tulipanes rojos. Es mi flor preferida. Cuando lo ví me pareció un espectáculo. Me lo hizo Javier Sanjuan quien ya no está con nosotros. Se fue antes de tiempo. Toda la decoración la hizo “Chavi” (de Xavi en catalán) como le decía -como le dice- su madre.   Estoy segura que como siempre, cobró mucho menos pero parecía que habíamos gastado una pequeña fortuna. Ese amor por su trabajo  y don de servir a los demás hacía que todo brillara y se multiplicara. Quise hortensias porque me gustan mucho, un ramito cubre una gran área y además es de las flores más baratas. Estaba muy “in” combinarlo con frutas y verduras, en mi caso lo hicimos con manzanas verdes y guineos.

En este momento voy en un avión hacia Boston y decido levantarme para ir al baño pero la aeromoza-policía me dice: “tome asiento que el capitán va a ir al baño…” Parándome en seco con una mano haciéndome la señal de alto. Tranquila que no voy a secuestrar al piloto. A la mierda mi concentración.

Hablando de idas al baño, recién salida de la iglesia entré corriendo al salón para hacerme un retoque. Mi peluquero-maquillista-amigo estaba por ahí por lo que recibí un upgrade instantáneo en los servicios contratados. Me ayudó a retocar el maquillaje y cuando me quitó el velo le pareció que mi moño se veía muy pequeñito por lo que decidió coger unas flores de los arreglos de los baños y encaramarlas de manera artística para que se viera mejor. Lila con blanco fueron los colores de mi nuevo moño con flores junto con la tiara de cristales irregulares. Me arrepiento de no haberla comprado. La alquilé en República Dominicana. Tenía “opción de compra” pero decidí no gastar más de la cuenta. Raro en mí.

Viendo las fotos me da nostalgia alguna gente que hace falta. Que se fue. Algunos a su tiempo, otros se adelantaron. Por supuesto mi hermano. Se fue mucho, mucho antes de lo esperado. Quedó flotando en el tiempo. Guapo y joven por siempre en las fotos. Al estilo de una estrella de cine que se inmortaliza y se hace una leyenda. Al menos así quedó en mi recuerdo, en mi cabeza, en mi corazón, en mi alma.

Estos vinos están haciéndome pasar una mala jugada. Al menos sirven para recordar. Y son gratis. Mejor le pido la tercera copa a la sobrecargo y sigo recordando.  Salomón, un compañero de mi esposo en la maestría también se fue antes de tiempo. Desde la boda no lo volví a ver más. Gran aprecio le tuve siempre. Mi tío Néstor se fue casi a su tiempo, aunque nunca es el tiempo.   Siempre lo asocio con películas de miedo porque le encantaban. “Birds” de Hitchcock. Estaba en su casa y la ví de reojo.  Me acuerdo de muchos cuervos sacándole los ojos a la gente. Escenas en blanco y negro. Se suponía que era de miedo pero más bien me causó tristeza y ansiedad.  También vimos juntos “Alicia en el país de las maravillas”. No es de miedo pero mis gritos en el cine hicieron que nos tuviéramos que salir.  Aquel gato morado que aparecía y desaparecía a su antojo. Cheshire fue el culpable.

Otros invitados han desaparecido de la escena porque los matrimonios tienen fecha de vencimiento aunque nosotros no lo sepamos. Tema para otro día.

Regreso del baño y de 12 personas que hay alrededor mío en el avión hay unas tres que duermen con la boca abierta. Por eso no me gusta dormirme en los aviones. El vecino mío cuando ronca hasta brinca y se durmió muy sentado con las manos sobre la mesa al lado de su libro “The Thousand Autumns of Jacob de Zoet”. Pareciera que lee pero duerme plácidamente. Que le aproveche.

Me acuerdo que ese día trabajé en la boda hasta después de almuerzo. Tenía muchas cosas que hacer. Yo me encargué de toda la organización y tuve una maestro de ceremonias. Ya para ese entonces me gustaba organizar eventos y el mío lo disfruté muchísimo. Tanto así que después de haberme casado quería que todos se fueran a sus casas porque…no sé por qué. Siempre me pasa cuando hago un evento para mí. Disfruto más la organización. Al rato entro en calor y me encanta hablar con la gente pero sentí que ese día había mucha presión de mi parte por querer controlar todo y que saliera perfecto. La boda fue un viernes a las ocho de la noche y el domingo de madrugada me iba a vivir afuera sin saber cuando regresaría a mi país. Nunca había vivido afuera. Nunca había estado lejos de mi familia y amigos. La verdad yo no quería hacer boda, me quería escapar y llegar casada para evitarme la despedida uno a uno y algunos problemas tontos. Que si mi primo estaba invitado -me preguntó mi tío. Primo que no estaba invitado. Que si pueden llevar los chiquitos. Boda sin niños, por favor. Que si la prima de Mami puede ir acompañada porque no tiene cómo devolverse. Oooooootro puesto que hay que pagar. En fin, las discusiones normales de casi cualquier boda. Pero mi novio me dijo que él si quería boda porque era como mi despedida. ¿Y qué si qué? Cuando la primera de mis amigas se fue a la media noche empecé con el llanto. Fue una noche agridulce. Como el Amor en bolsita. Como si lo hubieran predicho las uchuvas. No había de otra, Pao tenía que darle de comer a su bebé recién nacido.

En las fotos de la boda la gente se ve muy feliz. En las fotos en general, el 99 por ciento de la gente se ve feliz. Por eso no tomamos fotos en funerales… ¿para qué queremos esos recuerdos en papel o digital? Ya es suficiente con llevarlos en la cabeza. Pero sí queremos plasmar para siempre la felicidad, una carcajada, una pose vacilona, la juventud.  Ahhhhhh esa es otra, muchos se ven muy jóvenes. En los que más se ve la huella del tiempo es en los que ya tenían juventud acumulada. El tiempo no perdona ni pasa en vano y pasa más rápido en los mayores, creo yo. Al menos a mis papás les faltaba dos meses para empezar a envejecer de golpe con la partida de mi hermano. Todavía en esas fotos no nos imaginábamos lo que iba a pasar, había mucha felicidad en el ambiente como para siquiera imaginarlo. A Mami sólo le veo unas bolsas debajo de los ojos  como si ahí se le hubieran acumulado todas las lágrimas; el peso es el mismo, el pelo también aunque no sabemos con certeza porque se lo tiñe. A Papi le cayó una nevada en la cabeza y el bigote. Se ve más jalado pero se ve mejor ahora que en las fotos. El tiempo suele ser bondadoso con los hombres.  Los mas jóvenes se veían viejos posiblemente a causa de esa necesidad de verse más maduro. Esos ahora están mejor. Posiblemente porque estoy en ese grupo. Espero poder decir lo mismo dentro de otros quince años.

Faltan 50 minutos para llegar a Boston. Esta semana hubo tormenta la cual bautizaron como “Thunder Storm”. Estuvo fuerte pero no fue para tanto. Me encantaría ver nevar, hace mucho que no veo nevar y nunca he visto nieve por montones. Me parece un fenómeno de la naturaleza espectacular y romántico.

En el departamento romántico-cursi tuvimos una sesión de fotos aparte después de la cena. Yo no quería que el novio me viera de novia antes de casarnos y no quería la típica sesión de la novia sola por lo que hicimos ese arreglo. “Tómele las manos y mírele el anillo” dijo el fotógrafo. “What?!!” y nos dió una risa nerviosa a los dos. Ahora la foto me hace gracia y me acuerdo lo mucho que nos reímos en esa sesión.  Le pedí poses diferentes, inspiradas en las muchas revistas que me había prestado mi amiga-chef Andre quien tiene un gusto exquisito. Me las había estudiado una a una, había tomado notas y tenía mi portafolio con recortes, anotaciones y todo lo que me pareciera útil. Lo inútil también.  Tiempo después de haberme casado mandé a hacer un álbum como los de las abuelas, con cartulina negra por dentro y divisiones de papel cebolla, forrado en seda cruda roja y cosido a mano con una cinta. Cada foto se coloca por las cuatro esquinas. Me parece que es toda una joya.

En la tarde de la boda cuando llegué de decorar no pude dormir por lo que me dediqué a ver a los demás. Karla se alistó en casa con nuestro peluquero-maquillista-amigo y después se fue para la suya. Georgina en ese momento vivía afuera pero estaba en casa. Quiso colochos como siempre. Desde chiquitita soñaba con ser colocha. Como yo. Tenía un pelo lindo muy lacio y largo. Ahora tiene tantas ondas que casi parecen colochos y a mí se me fueron los míos los cuales extraño.  Mami se peinó donde Lidiette, su peluquera de casi 46 años y se maquilló sola. Nunca le ha gustado que nadie más lo haga.  Fui la última en alistarme. Cuando terminé me dí cuenta que mis papás y hermana se acababan de ir. Se despidieron a la carrera. Mi hermano y la novia ya iban saliendo… ¡Casi me dejan todos! ¿Quién se olvida de la novia? Ibamos rápido porque creo que había riesgo de llegar un poco tarde. La maestra de ceremonias estaba nerviosa, me dijo que el novio había llegado hacía como una hora y que el padre iba a empezar sin mí…pero por Dios, ¡eran apenas las 8:05 de la noche! Cinco minutos de atraso. Además, ¿cómo el padre iba a empezar sin la novia?

En el desfile se me nubló todo pero me acuerdo que la iglesia se veía espectacular llena de candelas y con las hortensias en el altar. “Tranquila, esto lo llenamos de candelas y le ponemos unos setos a ambos lados del pasillo y va a ver cómo se ve” me dijo Javier. ¡Qué razón tenía!

Esa noche pasó muy rápido. Mi parte preferida fue la ceremonia. Cuando entré a la iglesia se sentía un calorcito delicioso. Estaba llena de gente querida y no cabía una persona más. Estaba nerviosa por desfilar ante tanta gente. La luz amarilla tenue de las candelas era perfecta. Mi casi esposo al frente se veía muy guapo. Cuando Papi me fue a entregar se enclochó y no me dejaba ir. Debe ser difícil dejar ir a los hijos. Le tuve que decir en voz baja que me entregara. Nos reímos. La ceremonia fue emotiva y alegre. En casi todas las fotos salimos carcajeándonos.

Siempre pensé en el discurso de Papi. Vimos The Father of the Bride juntos –creo que más como una especie de entrenamiento de mi parte. Lloraba de emoción cada vez que la veía. Papi siempre tiene frases apropiadas para cada momento. Siempre hay una anécdota. Es muy cariñoso y emotivo.  Y señoras y señores, se volvió a enclochar y decidió pasarle el micrófono a Mami y después a mi suegro. Le huyó al discurso público. Lo dejó en manos de los demás. Y yo no lo podía creer. No había marcha atrás en la decisión. No había discurso con frase apropiada para la ocasión, ni cita citable ni verso sin esfuerzo. Otra muestra de que en la vida muchas cosas salen diferente a como uno las planifica. Como cuando en el brindis aparecen los saloneros con guantes blancos haciendo un desfile enfrente de mi mesa y con una rosa roja cada uno. Sí, guantes blancos y una rosa. ¿Qué era esto? ¿Mickey Mouses románticos? A mí nadie me dijo de este show. No me consultaron si quería tener unos mimos. Tuve que sonreír y esperar a que terminara el desfile de abanderados. De todas maneras fue una noche muy linda.  Yo fui quien manejó mi carro al hotel porque el marido no estaba en condiciones ya que había bebido como los peces en el río.  La delicada novia manejando un pick-up…

Ya casi a punto de aterrizar me pongo a pensar que muchas cosas fueron diferentes a como me las esperaba, entre ellas mi matrimonio. Ha sido mejor de lo que me imaginé, con sus altos y bajos por supuesto pero lleno de sorpresas, de paciencia, de respeto, de cariño y de amor. Como la canción de Juan Luis Guerra que bailamos en el kiosco que parecía de cuento. Una canción que mi marido me había cantado meses antes en la Soda Tapia en una madrugada. “Eres como una hormiguita/que me besa y me pica…”. Decidimos que ese sería nuestro vals.

Sí me volvería a casar. Con el mismo. Sí me disfrutaría más la fiesta. Ese día fue como una canción estridente a todo volumen que pasó muy, muy rápido. Tengo flashes por todo lado. Todos estaban felices. Todos se enfiestaron.

A veces hay fiestas espectaculares y los matrimonios son lindos, en mi caso es alrevés, la fiesta fue linda y el matrimonio ha sido espectacular.

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