Novatada: error cometido por falta de experiencia

El título es una de las definiciones del diccionario para la palabra novatada. En esta Media Maratón de Bogotá cometí varias. Cinco para ser exacta.  También se usa en el medio deportivo para decir que se ha cometido una animalada cuando ya sabía lo que tenía que hacer. Y que no lo hizo. O que lo hizo. Whatever.

El día anterior nos vamos a la montaña al hike sabatino pero tomamos otra ruta en donde la inclinación del lugar lo aproxima a uno a la Virgen (esto es literal porque en la cima hay una Virgen) y de pronto aquello es más alto que el Chirripó. Es más o menos como ir subiendo gradas dobles pero en la montaña. Entre piedras. Entre árboles. Entre despeñaderos. Por el lado que fuimos esta vez no había río. Ride espectacular como siempre. Una buena dosis de sobrecarga muscular. Novatada número uno.

La verdad, esta novatada la podemos descartar porque hay que entrenar fuerte y ponerle, pero si apenas estoy empezando el training de la temporada entonces califica como novatada. Disculpas por la confusión.

La número dos: ¿Qué parte se nos olvidó de la buena alimentación?

Vamos a celebrar el cumpleaños de una amiga a un restaurante delicioso de comida costeña colombiana… ¡faaaaaa!!!!! Wrong.

Delicioso todo. Como entrada una sopa cítrica con bolitas de algo frito, un zacatal de algo y camarones. De plato fuerte, pescado con una salsa de guayaba (ojo aquí a la guayaba y su papel estelar más tarde) y feijoa (una fruta parecida al cas). Flan de almojábana –sí, ese pancito redondito de maíz y queso que también venden en Costa Rica. Delicioso todo.

Comida caribeña.

Very wrong.

A las 6:00 p.m. empiezan las visitas al baño y no era para maquillarme. No voy maquillada a hacer deporte pero ese día no hubiera estado mal. Espaciadas las visitas pero al fin y al cabo visitas al baño.

6:00 a.m. una pastilla para la pancita y en una hora como nueva. Pero nadie puede quedar como nuevo con sólo unas galletas de soda, melón y té. No para ir a correr.

Viene la tercera. A las 9:15 a.m. con muuuuucha hambre y sin un cinco para comprarme algo. Todo había quedado en el backpack como a 400 m de donde estaba y ya no daba tiempo de ir por el menudo. Aquí, como verán, me doy un extra bonus, dos novatadas en una: con mucha hambre y sin plata.

Con mucho gusto.

9:30 a.m. arranca la Media.

Yo por un lado, Rey por otro. La misma distancia pero íbamos a hacer distintos tiempos por lo que estábamos en corrales diferentes. ¡Snif!

Es tal la distancia al punto oficial de salida que tuvimos que caminar como ganado que va para el matadero, todos tan lentos y apretaditos que cuando pasé la salida no me di cuenta y seguía viendo para un lado a la gente de afuera.

Quise gritarle al animador en la salida de la actividad que yo soy de Costa Rica para que lo agregara a la lista de nacionalidades participantes que estaba diciendo en voz alta para animarnos pero quedé un poco drenada después del Mundial de Fútbol y ni se me ocurrió camiseta estampada, ni bandera, ni un prendedor… mientras, pensaba en qué más podía haber hecho para identificarme en la carrera… “¡Ay!” es lo que digo en voz alta donde me doy cuenta que voy como dormida, pongo el Polar y arranco.

Para variar, estaba frío. Le paso a un mae que llevaba dos mandarinas y estuve a punto de pedirle un gajo pero ni siquiera las había pelado. Crónica de una muerte anunciada. Cada vez que menciono esta frase me acuerdo del libro que estaba en casa de Papi y Mami bajo el equipo de sonido en un mueble de madera torneada. Lindos recuerdos de infancia, sobre todo aquel equipo de sonido que no paraba con The Carpenters y las polonesas de Chopin a la hora de las comidas. El primer acetato era de Papi que me lo heredó dentro de su colección, el clásico era de Mami pero lamentablemente no sabemos qué se hizo. Son las cosas que uno llega a apreciar de grande.

Volviendo al tema: ¿a quién se le ocurre llevar DOS mandarinas? ¿Puede haber alguna fruta más incómoda para cargar en la mano? Claro, una sandía, pero ese no es el punto.

Había tanta gente que no se podía correr rápido, al cabo que ni quería…

1, 2, 3, 4, 5 kilómetros. Todo en orden.

Se me acerca un señor bajito y me pregunta qué tiempo voy a hacer. Le contesto pero inmediatamente decido darle otro tiempo más realista para no elevar las expectativas. Ni las de él, ni las mías.

Justo cuando Rey y yo íbamos temprano en el taxi hablando de eso, pasamos una carroza fúnebre con una cinta -no había visto pero parece que aquí les ponen una cinta atrás en el vidrio del carro con el nombre del difunto… Como Miss Universo pero diferente. Le digo a Rey después de pensar unos segundos: “la verdad, no me importa el tiempo, lo que importa es llegar bien. Ese que va ahí no llegó ni siquiera a hoy”. Rey me contesta: “es cierto, a disfrutarla”.

Disfrutar puede ser una palabra relativa.

El señor bajito se llama don Roberto. Dijo que no durmió bien de los nervios. Que un amigo le aconsejó acostarse temprano y fue peor. Que él este año quiere hacer menos de dos horas. Que sí ha entrenado. Gran diferencia ésta última entre don Roberto y mi persona.

“Yo a usté la vi cuando salió y la ví otra vez en el kilómetro cinco y pensé que me le tenía que pegar porque tiene cuerpo de atleta y viene a buen ritmo” me dijo don Roberto con la respiración entrecortada porque el paso que traía era rapidito, rapidito.

“Ay Dios, esto sí es mucha presión…” pienso yo, e inmediatamente le digo: “ah, muchas gracias pero usté vaya a su ritmo que viene muy sólido y no vaya a ser que yo lo atrase. Sino, usté me espera en la meta.” Me di cuenta que más bien era como un ruego de mi parte.

Amistad entrañable entre don Roberto y yo por 12 kilómetros más.

¿Para qué les voy a mentir? Don Roberto me venía jalando. Con su bolsito hecho de pelón (o guata diría Mami) que dan los organizadores de la carrera, cruzado de medio lado. Aquel bolso más incómodo no podía ser, le sonaba como un chilindrín con todos los chunches que traía adentro, mejor dicho, era su lonchera. Pero eso nunca aminoró el paso rápido y seguro del señor. Vestido muy sencillo, sin gadgets…Y uno que corre con la última tecnología…a veces quisiera volver un poco a los basics. Como cuando andaba en mountain bike donde lo único que me preocupaba era que el reloj me sonara cada 15 minutos para hidratarme. Estoy tratando. Por ejemplo, sin querer, la semana pasada se me perdió en la montaña la faja del Polar. Way to go girl!

“Nosotros venimos de Paipa que está a 620 metros sobre el nivel del mar (puede que el dato esté nublado por la memoria) y esta altura nos pega muy duro” dice una señora con la respiración entrecortada. Ella venía en un grupo según ellos de avanzada edad pero todos en efecto, mucho mayores que yo. “Yo soy de Costa Rica” contesto muy amistosamente a ver si podíamos formar parte de ese grupo pero negativo el “perativo” -decía Constantina-, había que seguir.

Esta carrera resulta que es de las seis mejores medias maratones del mundo. Corrimos casi 45,000 personas. Un mar de camisetas amarillas de los organizadores y uno que otro rebelde como yo que decide ir de rosado fosforescente porque aquí a nadie le corro con manga corta. ¡Ni a palos!

Voy trabada pero no en las piernas. Voy trabada en la respiración. Y con un hambre voraz. Me cuesta llegar hasta el final de la respiración. ¿Será que nunca me voy a acostumbrar a esta cabrona altura?

Cuesta arriba, todo me parece que es cuesta arriba. Dos cuestas larguitas en unos puentes elevados. El keniano que ganó dijo que ese puente elevado en el kilómetro 17 estuvo muy duro. Ya sabía que no solo yo había sentido eso. El keniano y yo estábamos conectados.

Sí, es tan famosa la carrera que vienen kenianos, incluída mi amiga Rita Jeptoo.“¡Yo te alcanzo, Rita!” le grité a la salida. Mentira. Ustedes y yo sabemos que no soy tan rápida. No soy rápida, punto. Tampoco vi a Rita ni es mi amiga.

Recorriendo la ciudad. Muchas calles por donde corro o por donde paso habitualmente. Ese día se veían muy diferentes. El ladrillo por todo lado, tan típico de Bogotá y tan lindo que se ve. Uno que otro creativo ha decidido usar otros tipos de piedra y son los responsables de esa disonancia en el paisaje rojo.

El público muy amable. Cada vez que nos gritaban algo yo aplaudía con los brazos en alto, les gritaba “¡graciaaaaas!”, “¡esoooooo!”, “¡bravoooooo!” o “¡lindooooo!”….claramente ya todos sabemos que eso es para mi ánimo y para poder hacer de tripas chorizo.

Tripas. En unos kilómetros vendrían a convertirse en protagonistas de otra novatada.

Pasamos por un parque donde la gente se sienta en los días de ciclovía a comer la fruta que venden en los puestitos. “¿Será muy feo pedirle un tuquito de sandía?” me pregunto. No, no estoy vacilando, lo pensé y lo necesitaba.

“Ahhhhhh, a ver Anastleta (apodo célebre de unos amigos al recibirme de mi primera maratón con bandera costarricense y el apodo impreso. Misma bandera que se convirtió en agüizote de mi Gloriosa Sele y viajó conmigo hasta Brasil…pero eso mi querido Adam, es otra historia…), ponga esa cabeza a trabajar bien” pienso donde veo un rótulo de Polar o Garmin que dice “los últimos metros se corren con el alma” o algo parecido. “Pero me faltan kilooooometros…no importa los correré con el alma” me dije por muchos, muchos, muchos metros más.

Aquí mientras escribo con la lágrima en el ojo de la emoción es donde me doy cuenta que es una de mis grandes pasiones.

Si estoy feliz, corro. Si estoy triste, corro. Si hay sol, corro. Si llueve, corro. Esto es definitivamente alimento para el alma.

Kilómetro 15. Oigo a don Roberto esculcando su bolsito cruzado. Aquel bolso le llegaba más abajo de la cadera. Yo esperando que me confirmara que era su lonchera. Me hago la distraída pero de reojo veo que saca unos dulcecitos. “Ay por amor a Dios, que me ofrezca algo” le digo a mi alma.

Se me hace eteeeerno ese momento, tanto así que creo que no me va a convidar. Algunos improperios mentales para don Roberto. No es a propósito, el hambre no me deja pensar claramente. Perdón. Me ofrece bocadillo, lo que para nosotros es una Tricopilia. Le doy las gracias eternas y espero el próximo puesto de agua para bajarme ese tuco de guayaba tiesa y no morir ahogada.

Novatada número cuatro. Me como algo que voy a probar por primera vez durante una carrera. ¿Es en serio lo que estoy a punto de hacer?

Sí, muchas gracias.

Al rato me dice don Roberto que necesita ir al baño y se detiene en uno de los portátiles de la acera. Le digo que lo espero pero hay dos personas en la fila, recapacito rápidamente…¿pero qué me iba a quedar haciendo ahí? ¿Jumping jacks?

“No, fresca. Yo ahora la alcanzo” me dice mi mejor amigo.

Ese fue el momento perfecto para bajar el ritmo. Cómo no. Siento la gloria.

Años después me alcanza don Roberto. ¡Es que le pone! Me dice que yo venía muy rápido -lo cual no es cierto pero después de hacer fila en el baño, aquello de fijo se le hizo eterno.

“Juepucha, ese bocadillo me cayó como una patada a la tripa” es lo que pienso una vez que pasa el efecto del azúcar y la energía vuelve a su nivel casi normal.

Santísima Virgen ¿qué era aquel dolor de estómago?! Se me viene a la cabeza la salsa del día anterior que tenía guayaba y más me dolía el estómago. “Ouchi, ouchi” –decía Domenica de chiquitita.

Los siguientes 5 kilómetros fueron dolorosos. Era tal la incomodidad que lo único que quería hacer era gatear. Iba jorobada, muy jorobada por lo tanto empiezo a respirar mal y empiezan los cólicos. Ay mamita, empiece a hacer control mental.

Oigo donde Galli me dice “ tía Nana, deje de tomar tanta agua” y le hago caso.

Me imagino que Rey va a estar en la meta esperándome y eso me anima.

Posiblemente don Roberto me siente más lenta y me dice: “vamos, sólo faltan 4 kilómetros. Usté ya me demostró de qué está hecha. Usté es una campeona, ya esto lo tiene ganado”. ¿Qué tan “cosi” este señor? –diría Galia. Un aplauso para él, por favor.

Sólo le hice el signo de peace and love y un thumbs up. Eso fue todo. No daba más.

Ni siquiera le pude hablar. ¿Se dan cuenta de la casi gravedad del caso? ¿Yo, sin hablar? ¿Sin socializar en una carrera?

No pude decirle que no seguía más con él. Bajé el ritmo. Lo veo donde empieza a buscarme pero se va alejando rápidamente y yo me voy quedando atrás. Lo dejo ir.

Tenía dos opciones: llegar en menos tiempo hecha leña o bajar el ritmo y tratar de llegar casi entera.

Second choice it is.

Pensé mucho en poder encontrármelo cuando llegara para agradecerle semejante compañerismo. Pero entre 45,000 personas…misión imposible.

Quinta novatada y la final. En una curva se me acerca un señor que de fijo necesitaba ánimo y me empieza a hablar, a decirme que voy a buen ritmo y a preguntarme si hice la carrera no sé cuál…

“Por amor a Dios que alguien calle a este señor” fue mi súplica mental. Le contesté lo mínimo y lo dejé ir. Me dolió pero era necesario.

Esta novatada la vengo cometiendo no en contra de mi persona sino como un atentado a los demás atletas que no quieren hablar por muchas razones, entre ellas porque no quieren o porque se sienten mal.

Prometo no volver a hablar tanto en las carreras. Por primera vez entendí lo que es no poder hablar por sentirse mal.

Me acordé de Rey en su Iron Man cuando le dió la pálida y lo entendí.

Ya faltaba menos. Un paso a la vez.

Control mental. Cabeza en positivo.

Visualizando meta.

De pronto se nos empieza a unir otro mar de gente. Eran los de los 10 k que se juntaban con nosotros. Ver eso me dió ánimo no solo por lo lindo que se veía sino porque sabía que la meta estaba cerca.

Menos de 1 kilómetro pero me dolía tanto el estómago que dudaba de si iba a llegar corriendo.

En eso oigo donde Rey me grita y levanta la mano. ¡Qué felicidad! Qué dicha que es tan alto para verlo fácilmente entre la multitud.

¿Adivinen? Correcto, se me llenan los ojos de lágrimas. A punto del ahogo. La nublazón de lente de contacto se convierte en llanto porque por primera vez creí que no iba a terminar una carrera. Trato de respirar profundo para no ahogarme.

Rey me abraza, trato de agacharme para ir directo al piso de cuatro patas y según yo poder respirar mejor, Rey no me deja y me dice que no pare de caminar. Inmediatamente me dice: “Anas, esto estuvo muy duro. Muy duro”.

Caminamos por unos 4 minutos pero es tanta la gente que no logramos llegar donde están las medallas y la bebida hidratante. Me puedo quedar sin tomar algo pero sin la medalla no me voy. Se me va lentamente el dolor y ya me siento diferente.

¿Quién me estaba esperando en la meta?!!!!! Mi amigo don Roberto.

Lo abracé, le dí las gracias, le presenté a Rey, intercambiamos algunas impresiones como amigos kenianos que se encontraban después del triunfo y partimos.

Estas son las cosas que valen la pena. Las cosas que quedan en el alma y en el corazón.

Una vez más. Safe and Sound. Rey y yo juntos en la meta. Gracias a Dios por eso.

Para algunos correr es una tortura para mí es difrutar la vida con novatadas incluídas. Se los dije, disfrutar puede ser una palabra relativa.

Gracias a mis padres por un cuerpo noble y agradecido. Según Rey y Galli no le pongo lo suficiente y por eso nunca me duele nada.

Al día siguiente en el masaje, Rey disimuladamente interroga a nuestro distinguido señor masajista porque no puede creer que estoy fresquita como la lechuga….“parece que no hubiera corrido”, contesta don Ricardo riéndose.

Ah pero aquí no me voy de novata…a este cuerpecito lo chineo mucho.

Cambio y fuera.

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6 comentarios en “Novatada: error cometido por falta de experiencia

  1. Ilse dijo:

    Hablando de novatadas soy novata en esto de los blogs, no me lo vas a creer pero es el primero que leo… Nunca entendí como encuentra uno un blog interesante. Así que gracias por compartirlo.
    Estoy gozando porque es como oírte a vos contando todo! Y viendo que efectivamente sos seriamente golosa y que por golosa te pasan tantas historias, es decir lo de los marshmelows no es novatada entonces, es juponada! 🙂
    Anastleta? Es en serio? Necesito conocer a ese amigo! Se pasó! Don Roberto ya tiene su imagen en mi mente q cosita me lo estoy viendo….Rey en la meta y el encuentro….demasiado lindo! En fin lo estoy disfrutando!! Sigo leyendo….ah! Lo del brasileño hablando español….esa pude ser yo, es más lo vi venir! Que risa!

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