Entrevista para taller de escritores (true story)

Decido que podría hacer de la escritura una carrera y lanzarme al estrellato. ¿Por qué no?

Cuando empiezo a completar el formulario de inscripción hay dos casillas que me hacen dudar si seguir adelante: “Publicaciones” y “Premios”. Mmmmjjjjjjj…..un amigo me lo recomendó como un curso libre para principiantes. Libre.

Este curso libre requiere de una entrevista. “¿Entrevista?” Le pregunto a la señorita en el teléfono. “Sí y que nos mande un escrito de 5 páginas. Puede ser cuento, fragmento de novela, testimonio, poesía en prosa… ” me contesta como si yo tuviera pleno conocimiento del tema y de tanto léxico.

Ay Dios, lo único que tengo son los cuentos deportivos que le mando a mi familia y amigos. Se va uno de esos. Eso es lo que hay.

Acudo a la entrevista muy puntual. Hacía frío en la mañana pero la tarde se puso muy linda y soleada. Me voy con mis anteojos fashion para un look más intelectual y un abrigo un poco hipster.

El que será uno de los profesores del curso es quien muy amablemente me atiende.

Hablamos de lo que siempre se habla en cualquier entrevista: porqué quiero llevar el curso, qué espero del curso, quién me recomendó, cuáles son mis gustos literarios…. ¿Cuáles son mis gustos literarios? Así es, cuáles son mis escritores favoritos. Qué tipo de literatura me gusta me pregunta el caballero.

Mente en blanco.

Flatline.

Repaso mental rápido. Nada. No viene nadie a la cabeza. Ni los escritores ni el apellido de mi amigo que creo que es profesor en esa universidad.

¿John Steinbeck? El que leí en el colegio. El que escribió The Pearl. ¿Cómo va a ser que solo eso viene a mi cabeza? Claro, también vienen Isabel Allende, Coelho, García Márquez…excelentes escritores pero la respuesta sería lo más cliché del mundo. Eso estaba claro.

Mente en blanco.

¿Será que la tiroides otra vez me está jugando sucio con la mala memoria?

“Qué pena pero se me acaban de olvidar todos” es lo único que le puedo contestar. El muy amablemente y disimulando su cara de asombro trata de ayudarme: “¿algún escritor contemporáneo?”. Nada. Para mí los que mencioné anteriormente son antiguos. El profesor me quiere ayudar y me dice: “¿García Márquez?”. Le contesto afirmativamente y no queda otra que mencionar a los de siempre.

Cuando me siento acorralada, me bloqueo.

Bloqueada.

Le entra una llamada a mi futuro profesor (la esperanza es lo último que se pierde). Me viene a la cabeza una portada de uno de mis libros. Cojo el iPhone, abro Safari y googleo el nombre… Aunque no lo crean, en este momento lo vuelvo a googlear para re recordarme…Frank McCourt.

Cuando cuelga me da una leve explicación de su llamada. Inmediatamente le digo de quién me acordé. “Claro, él escribió Las Cenizas de Angela” me contesta él al parecer un poco aliviado. “Nooooo” le contesto con un poco de pena, “El de ‘Tis”. Hace un gesto negativo y me dice que no sabe cuál es ese.

De fijo creyó que todo me lo estaba inventando es lo que pienso, porque cómo va a ser posible que no pueda mencionar ni un escritor ni los libros.

“Hace poco me leí una novela biográfica de Enrique VIII…” y donde menciono eso pienso si sería VIII o VII… Ay Dios, qué pelada de nance! ¿Adónde estaba Hilary Mantel con su Wolf Hall cuando la necesitaba?

¿Cómo se llama el escritor de humor que me encanta, el del libro que tiene un dibujo de ardillas en la portada, una fábula….? David Sedaris missing in action.

Bloqueada.

Empiezo a sudar. Los anteojos fashion se me empiezan a resbalar por la nariz. La frente empapada. El pelo pegado a la frente. Una gota de sudor bajando desde la sien, pasa por un espacio que hay en el pelo, pasa al lado de la oreja y aparece debajo del pelo en medio cachete, como de medio lado. Empiezo a hacer control mental. El abrigo hipster me está ahogando. Me quito los anteojos. Busco las gotas de los ojos en el bolso. Le pido disculpas para ponerme gotas en los ojos. Saco un Kleenex para secarme la gota del ojo (cosa que no hago nunca, mi ojo está super acostumbrado a absorber las gotas perfectamente) y ver si de casualidad puedo pasarme el Kleenex disimuladamente por la frente. No lo logro. Quiero salir corriendo. Decirle que algo urgente surgió. ¿Pero cómo le iba a decir eso? ¿Me lo habían comunicado por telepatía? Trato de controlar la sudada. Mi cara roja del calor.

Le digo que cuando llegue a mi casa me voy a fijar en los nombres de los escritores. Le echo la culpa a la tiroides y nos reímos. Creo que él se ríe por compromiso, compasión y empatía.

Ya no era necesario buscar ni acordarme del apellido de mi amigo… ¿Cómo le iba a hacer esa maldad? Mejor que quede en el anonimato. Que se vuelva mi primer personaje de ficción.

¿Será que me toca ser autodidacta en este tema?

 

 

 

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